Las aventuras del general Pirro
Intentar impedir la felicidad de un adversario, sea cual sea el rubro, no redundará en la propia.
Dos más dos son cuatro, una verdad que depende de quién haga las cuentas; si perdimos uno a cero de visitante, no es tan grave derrota; si ganó las elecciones por menos de lo que esperaba, pues seguirá siendo un triunfo y no un retroceso, como quieren hacer ver los otros; si antes ganó los comicios con 54 por ciento y ahora con 32, pues será una elección de medio tiempo o seguirá siendo la primera minoría; la dejó por otra mucho más joven y hermosa, pero se quedó con el auto, la casa y la cuenta bancaria.
Rendirse nunca, retroceder jamás. Bienvenidos a esta nueva tendencia de victorias pírricas que nos ayudan a sublimar las penas de nuestros tropiezos.
Brevemente, ¿quién fue Pirro? Un belicoso general griego, rey de Epiro, que ganó batallas a costa de numerosas bajas, de tal manera que se hacía prácticamente imposible establecer las ventajas de esa victoria.
Pirro logró vencer a los romanos a un costo muy alto. Por eso, después de contemplar el resultado de una batalla, se le atribuye haber dicho: “Otra victoria como esta y volveré solo a casa”.
Salvo que seamos necios y engreídos, que nos obstinemos en negar la realidad, debemos aceptar que nuestras vidas están más llenas de desaciertos que de victorias.
“En todo caso, la vanidad aparece como un modo de comunicar lo excelso que somos pese a todos estos contratiempos, traspiés y desbarajustes que nos han hecho entrar en esta bancarrota tan evidente como injusta”, aporta Cacho Yerom, el asesor permanente de esta columna.
Yerom ejemplifica con aquellos que se vanaglorian siempre de ser expertos en sacar ventajas en cualquier tipo de negocio.
“Lejos de admitir que fueron estafados, o simplemente superados por truhanes más sagaces, buscan hacer creer que hicieron la operación más exitosa de la historia. Nunca escuché a estas personas decir que ese ‘maravilloso’ auto que compraron, en realidad es incomodísimo y no para de perder aceite”, señala nuestro consultor permanente.
Elogio del fracaso
Alejandro Dolina en "Elogio del Fracaso" ( Crónicas del Ángel Gris ) les da una categoría –con cierta a compasión– a aquellos que no saben admitir la derrota: "Humildemente alcanzo a adivinar una tercera e ínfima categoría: el fracaso inconsciente. Alguien pierde y no sabe que pierde o –peor aún– cree que gana".
Sin embargo, peor parte la lleva quien sabe bien que algo no funciona en su vida, pero se esfuerza por parecer próspero y feliz.
“Esto nos lleva a los extremos. Si veo que mi equipo no puede empatar el partido, pues me dedico a quemar la cancha. Esta actitud adolescente no me deja ver que el intento por impedir la felicidad de mi adversario no redundará en la propia. Y así habremos propiciado una victoria a lo Pirro”, finaliza Cacho Yerom.

