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La vieja manía separatista

Hoy por hoy, los europeos se están comportando como vulgares maridos, tan propensos a ausentarse, separarse y cambiar de estado. Cuesta convencerlos de que más vale gordita conocida que flaca 
y tuneada por conocer. 

20 de septiembre de 2014 a las 12:02 a. m.
La vieja manía separatista

Hoy por hoy, los europeos se están comportando como vulgares maridos, tan propensos a ausentarse, separarse y cambiar de estado. Cuesta convencerlos de que más vale gordita conocida que flaca y tuneada por conocer. Sin embargo, en el caso de las regiones con ínfulas separatistas, subyace otra realidad. En buena medida, es el viejo encono de los que tienen más recursos y pagan más impuestos, ante los que tienen menos. Se resume en el conocido eslogan "no tengo por qué mantener esa sarta de vagos". Este sentimiento suele aflorar entre los del Norte hacia los del Sur: el País Vasco y Cataluña, en España; Escocia, en el Reino Unido; el Piamonte, en Italia… Desniveles La prensa "progre" ha encarado la movida escocesa o catalana con sugestiva ambigüedad. Términos como "autonomía" o "independencia" tienen connotación positiva, mientras que "nacionalismo" sigue causando escozor. El actual mapa de Europa demandó siglos y sangre. Sería una pena que empezara a desmembrarse. Contar con un mercado y una moneda común les acarrea más ventajas que desventajas. Pero no alcanzó para igualar a las masas, y las diferencias socioeconómicas separan más que las religiosas.Por fortuna, en Escocia triunfó el "No" y siguen siendo parte del Reino Unido. Aunque vaya a saber qué pasará en el próximo referéndum. Como sea, roguemos que la tendencia no prenda en Argentina. Los primeros en querer independizarse van a ser los correntinos. Hace rato que San Luis se ve como un paisito aparte, con posibilidades de anexar un par de departamentos cordobeses. Nordelta "es" un país aparte. La Angostura querrá asociarse a la corona de Holanda. Qoms y wichis volverán a ser una nación aborigen, fijando capital en alguna ONG. Los chilenos intentarán convencer a los fueguinos para que se vayan con ellos. Con todo gusto Buenos Aires se separaría del resto, pero eso le significaría mantenerse sola. Divorcios políticos A la Argentina, las guerras civiles también le insumieron años y heridas, sin que llegara a constituirse en una auténtica federación. Nos quedó un país repleto de provincias, con un Congreso más poblado que el de estados que nos duplican en cantidad de habitantes. Quizá sería hora de ir pensando en constituir regiones, como Chile. Y en tomar medidas que emparejen y favorezcan la unión. Nada es tan regresivo como la manía de tropezar con la misma piedra.Aunque el ejemplo parezca traído de los pelos, hay noticias aparentemente diversas, con el mismo pavoroso efecto. Una: "El Banco Central gira 25 millones de dólares por día para gastos de turismo en el exterior". Otra: "Médicos y enfermeras del Santojanni (Buenos Aires) reclaman un cerco policial alrededor del hospital". No hay peor divisionismo que el que está en nuestras mentes y bolsillos.