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La tentación de lo indescriptible

"Una profesora prohibía a los alumnos usar la palabra indescriptible, porque si se está contando algo, es obligación describirlo". Juan Carlos Carranza.

28 de marzo de 2011 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
La tentación de lo indescriptible

Desde que se creó el mundo, no quedan cosas que no tengan nombre. Por más que nos empeñemos, cualquier circunstancia puede ser rotulada. La clásica y airada expresión: "¡Lo que me hiciste no tiene nombre!", se puede explicar fácilmente en cada contexto. Si el abominable acto que se denuncia se vincula con dinero, eso se puede denominar "estafa", "fraude" o "timo". Si la exclamación involucra los sentimientos, hay dos posibilidades: o es una infidelidad ("¡me pusiste los cuernos!", dicho vulgarmente) o un desengaño amoroso ("no sos vos, soy yo").Si durante años les ocultamos a los niños que los Reyes Magos son los padres, en realidad lo que no tendría nombre apenas sería una mentirilla piadosa.En un accidente de tránsito: si acabamos de sacar el auto del taller y en el siguiente semáforo alguien se distrajo y volvió a hundirnos el baúl, eso se llama "choque estúpido", por más que nos duela en el alma y no tengamos palabras para describir la imagen de chapas arrugadas.Pese a todo, en Chile existe un programa de televisión llamado Esto no tiene nombre , cuyo objetivo es revelar irregularidades en servicios públicos y empresas privadas que perjudiquen a los ciudadanos. Los colegas trasandinos nos ponen en foja cero. "Indescriptible". Cacho Yerom, asesor internacional de esta columna y acérrimo defensor de llamar a las cosas por lo que son, cuenta que durante una etapa de intercambio en Australia, una profesora de lengua le prohibía a sus alumnos utilizar la palabra "indescriptible". "Nos prohibía usar ese término porque decía que si estábamos contando algo, teníamos la obligación de describirlo. Eso me marcó para toda mi vida", reflexionó Yerom, exagerando un poco y, de paso, dándose aires por haber estado en el extranjero. Yerom piensa que aquellos que usan el término "indescriptible" carecen de imaginación, e involucra a ciertos conductores de televisión. El problema con nuestro consultor es que tiene una inenarrable aversión por estos personajes y una innombrable capacidad para enojarse sin motivo.