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"La política es un baluarte machista por excelencia"

Fue legisladora provincial entre 1963 y 1966. A puntode cumplir 98 años, sigue militando activamente en el radicalismo.

14 de diciembre de 2010 a las 12:01 a. m.
"La política es un baluarte machista por excelencia"

María Teresa Merciadri de Morini es una mujer fuera de serie. El 21 de diciembre cumple 98 años y sigue militando en política, de manera activa, con el mismo fervor, compromiso y lucidez con que lo hacía en la juventud. Ayer viajó en avión a la Capital Federal para participar hasta hoy en un encuentro de dirigentes radicales de todo el país, convocada personalmente por el presidente nacional de la UCR, Ernesto Sanz. Fue diputada provincial en el período 1963–'66 y nacional desde 1973 hasta el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976. En la casa de la ciudad de Córdoba donde vive, funcionó el Comité Provincial de la UCR cuando el presidente de facto Juan Carlos Onganía proscribió a los partidos políticos y los despojó de sus sedes. Allí fue anfitriona de Arturo Illia y Raúl Alfonsín entre otros correligionarios. "Fueron dos hombres íntegros y de una honestidad absoluta", dice en un tono que denota el orgullo que siente por haber compartido con ellos sueños y proyectos colectivos.Se desempeñó como subsecretaria de Culto del Ministerio de Relaciones Exteriores de la Nación y Subsecretaria de Derechos Humanos en el Orden Internacional de esa cartera, entre 1983 y 1989, con rango de embajadora extraordinaria y plenipotenciaria.En 1994 presentó una petición ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos alegando que su partido había violado la ley de cupo femenino en la integración de la lista de candidatos a diputados nacionales por Córdoba. En 1999, la CIDH le dio la razón y el Gobierno reconoció la obligatoriedad que surge de la ley 24.012, en los términos que reclamó Morini. "¡Cómo cuesta lograr la igualdad entre el hombre y la mujer en el país!", exclama. –¿A qué atribuye esa dificultad? — A que sólo unos pocos hombres no son machistas, sobre todo en el terreno de la política. La política es un baluarte machista por excelencia. –¿Cuándo descubrió su vocación política y empezó su lucha por los derechos igualitarios? –Creo que desde niña. En 1914, mi padre decidió volver a Italia a luchar en la Primera Guerra Mundial y dejó a mi madre con tres hijas pequeñas y un negocio lleno de deudas. Tenían un almacén de ramos generales. Se llamaba "El sol sale para todos", en Obispo Trejo y 27 de Abril, donde ahora hay una farmacia. En esa casa nací. Cuando mi mamá (Albina Bimbi) fue al Banco de la Nación a pedir que le refinanciaran la deuda le dijeron que, por ser mujer, no tenía derechos civiles y que si no pagaba en término le rematarían todo. Tuvo que luchar mucho para salir adelante. Su lucha me marcó para siempre. –Por eso decidió estudiar Abogacía. –Mi madre quería que estudiara farmacia. –No le dio con el gusto. Debe haber sido una chica rebelde. –Para nada. Era apocada. –No sólo su legajo político es nutrido en antecedentes. También se destacó en el campo de la Justicia. –En 1931 empecé como escribiente en Tribunales y llegué a ser secretaria judicial (N de la R: fue la primera mujer en Argentina en alcanzar ese cargo). Trabajé 10 años con el doctor Oscar Orgaz, un juez muy respetado. Eso me ayudó mucho en la carrera. Pero abrirme camino como profesional en la Justicia me costó mucho esfuerzo, por el hecho de ser mujer. –Tuvo una participación importante en la Ley Nacional de Cupo Femenino. –Siempre defendí y luché por los derechos de la mujer. Y con María Florentina Gómez Miranda, acompañamos a (la senadora nacional por Mendoza) Margarita Malharro de Torres en el proyecto de cupo femenino que el Congreso nacional convirtió en la ley 24.012, en 1991. –Se acaba de publicar un libro de mujeres argentinas que hacen historia y le dedican un capítulo a usted. –Sí. Me honra. Es uno de los libros que tengo para que me acompañen cuando pase para el otro lado. Luce la dentadura casi completa con gran una sonrisa y señala la pila de libros que tiene como base a Santa Evita , novela de Tomás Eloy Martínez.