La inestabilidad es el mayor costo
Lo más difícil de evaluar en tiempos de inflación es el precio de lo que compramos. Laura González.
Lo más difícil de evaluar en tiempos de inflación es el precio de lo que compramos. ¿Está caro? ¿Muy caro? ¿En relación a qué, a dónde, a qué fecha? Y si lo compro con el descuento de la tarjeta, ¿pago el precio que estaba en qué mes? Y si voy el día del descuento, ¿no estará todo 15 por ciento más caro? ¿Cómo lo sé?
Pocos tienen la conducta de conservar los tickets y cotejar. Se podrá hacer una vez, dos, pero después… ¿para qué seguir? Cada vez son menos los que deambulan por diferentes lugares buscando el mejor precio: el consumidor vuelve a concentrar la compra en dos o tres lugares y no en los 7,5 promedio que visitaba cinco años atrás. Percibe que lo que se ahorra por un lado, se gasta por el otro: porque lo que no está en promoción está mucho más caro que la competencia, porque se pierde mucho tiempo o porque queda muy lejos y el viaje también cuenta.
Para saber cómo va esa carrera, se podría cotejar la evolución de los salarios promedio con el Índice de Precios al Consumidor, si no fuese por un detalle: el IPC del Indec intervenido releva una inflación de apenas el 40 por ciento de la real y esconde el resto.
En general, los salarios bajo convenio se han ajustado 25 por ciento en 2012. Los que tienen más presión han conseguido mucho más que eso, aunque un tercio de esa suba fue absorbido por el Impuesto a las Ganancias. Los que trabajan en la informalidad (34 por ciento de los trabajadores), han conseguido mucho menos que eso, si es que lo lograron.
¿Cómo saber quién va ganando la carrera? Es difícil saberlo de manera general. Usted podría comparar gastos-ingresos de hoy versus los que tenía, por ejemplo, en enero.
Pero ese ejercicio tan solitario como impreciso no haría más que apuntalar el argumento inicial: la inflación nos sacude tanto que, al fin y al cabo, no sabemos exactamente dónde estamos parados.

