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Hablar es intentar que el otro escuche

Quizá deberían preocuparse por los que no tienen presente, y empezar a considerar a la injusticia como un grave problema ambiental.

05 de octubre de 2013 a las 12:02 a. m.
Hablar es intentar que el otro escuche

El escritor Juan Goytisolo (72) le dirigió al papa Francisco una misiva muy simpática, que circula por Internet. El español se permite un tono confianzudo y perdonavidas, sabiendo que la carta será leída por las miles de personas a las que realmente quiere llegar. El que menos le importa es el Papa. Amparándose en el teólogo de la liberación Juan José Tamayo, Goytisolo le dice algo así como “Paco, querido, no te creo nada”. A su juicio, “la exclusión de la mujer del sacerdocio, el obligatorio celibato” y la “incomprobable” tolerancia hacia los homosexuales son ejemplos de lo que el Papa no tendría interés o capacidad de corregir.

La carta es un resumen de la respuesta de los formadores de opinión a las pretensiones de cambio, no ya de la Iglesia Católica sino de la agenda que maneja nuestras vidas. Lo único que le falta, al breviario de los “buenos”, es pretender que el Papa tome una estación petrolera o haga huelga de transgénicos.

Hablar implica la intención de que el otro escuche. Hoy, todo el mundo prefiere oírse. Hace poco, uno de mis nietos fue agredido por una barrita. Un primo salió en su defensa. “‘El Migue’ primero les habló porque, antes de pegar, hay que hablar”, me aclaró el nene. “Pero les habló con muy malas palabras…”, admitió. Terminaron a los bollos. Hasta un niño entiende que insultar o forzar, aunque sea por una legítima causa, no es sinónimo de dialogar. Sin embargo, acá cunden las manifestaciones “pacíficas” que paran obras y niegan servicios.

Volviendo a Goytisolo, a esta altura su preocupación por las monjas que no pueden ser curas ya es motivo de risa o suspicacia. ¿No hay prioridades mayores que las signadas por el sexo o por una fábrica de semillas? En Córdoba cunden las pintadas que acusan de “genocidas” a esos fabricantes y agricultores.

Pero al abrir el diario nos encontramos con cientos de nuevos muertos frente a Sicilia. Eran indocumentados provenientes de África. O con 61 asesinatos ocurridos en esta capital en lo que va del año. O con un cable que dice que el año pasado, en México, hubo “105.682 secuestros y 4.007 desapariciones”. Algunas personas, bienintencionadas, dicen preocuparse por el futuro. Quizá deberían preocuparse por los que no tienen presente y empezar a considerar a la injusticia como un grave problema ambiental.