El triste destino del capitán
“Cuánta hidalguía les haría falta a los ‘capitanes’ que nos rodean, que huyen cuando el agua apenas les roza los pies”, dice nuestro asesor Yerom.
Triste el destino del capitán de barco, que en cada naufragio debe ser el último en abandonar la nave. Es el único caso de un líder que debe sostenerse hasta el final en una crisis.Esto no ocurre en otros ámbitos. En política, los presidentes suelen ser los primeros en subirse a los helicópteros para escapar de la hecatombe social de un país. En el deporte, ante una seguidilla de resultados adversos, el primero en ser eyectado es el director técnico del equipo. Pero en los mares existen otros códigos. En realidad, los especialistas dicen que no existe una norma escrita que regule el comportamiento de los capitanes de navíos.La ley consuetudinaria que obliga a los capitanes a quedarse hasta que el agua les llega al cuello se basa en que ellos son los máximos responsables de una embarcación y, por lo tanto, deben comandar la evacuación de pasajeros y tripulantes frente a un inminente hundimiento.Para los capitanes, en general, "es una cuestión de honor" que el que manda sea el último en irse.Sin embargo, algunas historias recientes desdicen estas conductas llenas de heroísmo y arrojo.En 1991, Yiannis Avranas, el capitán de un crucero griego, dejó el barco cuando este empezaba a hundirse en la costa de Sudáfrica. Mientras era blanco de acérrimas críticas, Avranas señaló que supervisó el rescate desde un helicóptero. Y, lejos de retractarse, agregó: "Si doy la orden de abandonar el barco, da igual cuándo yo me vaya. La orden vale para todos. Si algunas personas deciden quedarse, que se queden". ¡Vuelva a bordo, carajo! Francesco Schettino, el capitán del tristemente célebre Costa Concordia, debe ser una de las personas más odiadas de Italia. Quebrantó la norma sagrada de abandonar el barco cuando todavía había tripulantes y pasajeros intentando ponerse a salvo. Así como Schettino fue denostado por su actitud, Gregorio De Falco fue considerado un héroe aquella trágica noche de enero de 2012, en la costa de la Toscana. Este capitán de la guardia costera de Livorno fue quien le ordenó volver al crucero. El audio de aquel llamado telefónico dio la vuelta al mundo: "¡Comandante, vuelva a bordo, carajo!".El dato más curioso de esta tragedia marítima es que una de las sobrevivientes, Valentina Capuano, es una nieta de una pasajera que sobrevivió al hundimiento del Titanic, ocurrido 100 años antes.Pero las coincidencias no terminan allí: según Wikipedia, ambas embarcaciones se hundieron en la misma latitud si uno traza una línea recta en Google Earth desde el lugar donde encalló el Costa Concordia y la expande hasta llegar casi a Terranova, donde se hundió el Titanic.La gran diferencia es que el capitán del Titanic, John Edward Smith, según se dice, murió aferrado al timón del barco cuando el agua helada inundó la cabina."Qué destino trágico el de estos marinos y cuánta de esta hidalguía les haría falta a los 'capitanes' que nos rodean y que huyen cuando el agua apenas les roza los pies", reflexiona Cacho Yerom, consultor permanente de esta columna.

