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El trabajo ideal

La vocación y la motivación, al menos, determinan que un ámbito laboral sea agradable y llevadero. Juan Carlos Carranza.

05 de marzo de 2012 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
El trabajo ideal

La vocación y la motivación, al menos, determinan que un ámbito laboral sea agradable y llevadero. Pero aun así, por más ideal que sea ese trabajo, es decir que reúna los dos factores mencionados arriba –es lo que siempre quise hacer y, además, me entusiasma–, llegará el momento en que se convertirá en un fastidio ir todos los días. El trabajo ideal bien podría compararse con el amor. ¿Cuánto tiempo dura el enamoramiento de una pareja? Después de 14 meses, algunos sostienen que el amor romántico se convierte en otra cosa; ese afecto se vuelve más rutinario y menos mágico que al comienzo. En el plano laboral, se podría decir que la rutina termina desgastando el entusiasmo inicial. A eso se suman las relaciones interpersonales o la dinámica de los grupos, que hacen que un entorno laboral sea más o menos soportable.Claro que hay un tercer elemento, quizá más importante que los anteriores, y se relaciona con la remuneración. "Una muy buena paga ayuda a soportar las condiciones insalubres de un trabajo. Pero hay límites, claro, y todo depende del aguante de cada persona. Cuando sobrepasamos nuestro nivel de tolerancia a la frustración por ese empleo, decimos que por ninguna plata del mundo volveríamos a tenerlo", dice Cacho Yerom, nuestro asesor estrella, desde la perspectiva de alguien poco afecto al esfuerzo.Hace algunos años hubo un concurso, promocionado como el mejor trabajo del mundo, cuyo premio era 100 mil dólares para cuidar una isla paradisíaca de Australia durante seis meses. El "trabajo" consistía en recorrer la isla, bañarse en sus playas, comer de sus frutos, disfrutar de la naturaleza y luego volcar esas experiencias en Internet. "Pero hasta a ese trabajo lo mata la rutina. Es muy probable que el pibe que ganó el concurso se haya sentido en el paraíso los primeros dos meses. Estoy seguro que al tercer mes, se hartó de desayunar con sandía y de tener que ponerse repelente para mosquitos en las noches. El canto del tucán, que todas las mañanas lo despertaba, era un coro de ángeles al principio, hasta que el tipo decidió buscar el rifle de aire comprimido para bajar a ese bicho", especula Yerom sin conocer demasiado la suerte de este "trabajador". Y sin amedrentarse, agrega: "El problema que tenía este muchacho era que trabajaba en el mismo lugar donde vivía". Buenos y malos ejemplos. Si bien no son trabajos en el sentido estricto de recibir una remuneración por la tarea realizada, los voluntariados son, básicamente, conmovedores actos de servicio, muy vinculados a determinadas vocaciones. Pero hay algunos que son demasiado estresantes. "Entiendo que estar en el court de un gran slam debe ser el sueño del pibe. Pero nunca vi alguien más estresado que un chico alcanza pelotas en el tenis. Cuando algún saque va a la red, los pibes corren despavoridos, trastabillando, para no demorar el juego. Cuando las cámaras los enfocan a los pobres se los ve casi sin aliento y con los ojos desorbitados, preguntándose si corrieron lo suficientemente rápido o reprochándose el no haberse desgarrado para capturar la pelotita. Por favor, que alguien les avise que no es para tanto", aporta Yerom. Pese a todo, deben existir trabajos ideales, en los que no importe ni la rutina, los compañeros o el salario. Imaginamos que no deben tener grandes problemas, por ejemplo, un controlador de calidad de cervezas (bien heladas), un probador de camas de alta gama o un categorizador de hoteles de cinco estrellas. Eso debe estar cerca del ideal.