"Él se arrepentía, yo creía en su palabra, me dejaba llevar"
Ana cuenta cómo fue convivir con un marido golpeador y cuándo se animó a denunciarlo. Igual, sigue con miedo.
Ana cuenta cómo fue convivir con un marido golpeador y cuándo se animó a denunciarlo. Igual, sigue con miedo. Lucha a diario con el temor que a veces la inmoviliza. Pide que las mujeres se animen a solicitar ayuda y a denunciar cuando son víctimas de violencia doméstica, esa que a veces deja dolorosas cicatrices invisibles. Ése es el pedido de Ana, como pide que se la llame, ya que de ser identificada por su ex pareja y padre de su hija, podría recibir represalias.Ana, quien, al igual que su agresor, pertenece a una clase social acomodada de Río Tercero, desnuda su alma y recuerda que "durante más de tres años" padeció violencia. "Puertas adentro uno descubre la verdadera cara del psicópata, que no es la imagen de quien uno se enamora", dice. ¿Cómo comienza la pesadilla?: "Al principio fue verbal, hasta el embarazo. Después había presión psicológica, manipulación y un manejo claro de mis actos. Se cae en un sometimiento que es difícil de parar".Cuando su hija ya tenía un mes, aparecieron las golpizas. La mujer, que ahora tiene más de 40 años, relata ese primer padecimiento: "Mientras amamantaba a la bebé me tiró un vaso con agua en la cara".Las próximas agresiones no se hicieron esperar: "Había golpes, me agarraba sorpresivamente de atrás, había puntapiés, tirones de pelo, bofetadas en la cara o en cualquier parte del cuerpo. Mientras manejaba me partía el labio." El motivo que la retenía denunciarlo era el mismo que después la movilizó para concretarlo: su hija. Cada vez que la echaba de la casa después de las agresiones, el hombre no le permitía sacar a la nena del hogar: "Era pequeña, tenía que protegerla; él se arrepentía, creía en su palabra, me dejaba llevar".La separación llegó cuando Ana se esperanzaba de una vida más tranquila: "Después de la separación y que la Justicia lo excluyera del hogar, volví a sufrir una golpiza, con patadones en las piernas, además con daños en piezas dentarias, rostro y cabeza, ahí fue cuando hice la denuncia penal, pero él nunca estuvo detenido".En la actualidad hay impedimento de contacto entre ambos. Ella se apoya con terapia psicológica: "Sigo teniendo miedo, no es fácil superarlo, me costó mucho la decisión. No salgo sola, me fijo en los horarios, sé que no puedo andar con un policía al lado para defenderme".Espera que al igual que ellas, el miedo no paralice a más víctimas: "Mujeres, no dejemos de creer en la Justicia".

