El poder de obstruir
Más allá de los bonitos anuncios de logros oficiales o del mesianismo electoral que tiñe a los funcionarios cuando está en juego la continuidad de su cargo –o la búsqueda de uno nuevo–, hay realidades incontrastables. Edgardo Litvinoff.
Más allá de los bonitos anuncios de logros oficiales o del mesianismo electoral que tiñe a los funcionarios cuando está en juego la continuidad de su cargo –o la búsqueda de uno nuevo–, hay realidades incontrastables. Éstas muestran la verdadera dimensión de tales "logros": pueden decir lo que quieran sobre el valor de la educación y la infancia, pero si no saben cómo hacer para que funcione un proyecto de apoyo escolar en una de las zonas más vulnerables de la ciudad, sus palabras no valen nada. Es más: también son responsables de fomentar la posibilidad de que esos chicos abandonen la escuela.Más allá de los requisitos formales que deben presentarse para estos proyectos, no se termina de entender por qué el municipio ingresa al Tribunal de Cuentas un expediente de pago un año después de comenzado el proyecto. O por qué el Tribunal de Cuentas, al margen de que los docentes no tengan experiencia en presentar presupuestos –y efectivamente estén en falta con el papeleo–, observa estos casos con tanta minuciosidad.Si el municipio no objeta la calidad de la tarea realizada por el grupo de docentes y la excusa se basa en que es una demora habitual, quiere decir que esta administración no hizo nada para cambiar esa irregularidad y considera que tales mecanismos burocráticos deben perpetuarse. Si fuera porque el Tribunal de Cuentas prometió al municipio observar con rigidez cada número, entonces debería revisar hacia qué expedientes dirige su celo guardián.Sea cual fuere la explicación, hay un resultado incontrastable: 500 chicos sin apoyo escolar en un proyecto, 500 de los más vulnerables y propensos a abandonar la escuela.Ni hablar de todo lo que quedará pendiente en ese 90 por ciento del Presupuesto Participativo que falta ejecutar.

