El diagnóstico está, pero el remedio no aparece
En ocho años, 556 motociclistas murieron en la ciudad de Córdoba, el 13 por ciento del total de fallecidos por choques de tránsito en la provincia. Casi siete de cada 10 víctimas no habían superado los 35 años. Las claves para entender una tragedia evitable.
En los últimos ocho años, 556 motociclistas murieron sólo en la ciudad de Córdoba. De ellos, el 67 por ciento no había superado los 35 años. La mayoría chocó a la madrugada, por lo general entre domingos, sábados y viernes, los días que más tragedias aglutinaron, en ese orden.
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Si se estableciera una política seria, a largo plazo, efectiva y sin contratiempos para controlar (y proteger) a los motociclistas que circulan a diario por las calles de la capital cordobesa, se estaría intentando reducir en un 13 por ciento el total de víctimas fatales por año a causa de la inseguridad vial en la provincia.
Si el análisis trasciende los límites de la capital y se extiende a todo Córdoba, surge que los motociclistas representan el 40 por ciento de los fallecidos por tragedias de tránsito.
Estas son sólo algunas de las tantas conclusiones que se obtiene al entrecruzar las más de 20 variables que La Voz del Interior analiza en cada choque fatal que ocurre en la provincia.
Trabajo periodístico que termina por generar un mapa completo de la siniestralidad vial para lograr, de esta manera, un diagnóstico más claro sobre el por qué de la principal causa de muerte no natural que existe en Córdoba y en el país.
Falta educación vial. Los esfuerzos en las escuelas están reducidos a personas e instituciones en particulares. No existe una incorporación de esta temática en la currícula.
No hay concientización sobre la seguridad en el tránsito. Todos los días, en cualquier calle o ruta de la provincia se observan sobrepasos no permitidos, excesos de velocidad, conductores hablando despreocupadamente por teléfono celular, niños sin cinturón de seguridad y autos estacionados encima de las sendas peatonales. Aunque se anuncian más multas, más controles y nuevas iniciativas (como, por ejemplo, dejar un espacio reservado adelante frente al semáforo para que frenen las motos, en la ciudad de Córdoba), en la práctica nada de esto ocurre.
Las rutas son obsoletas. Angostas, saturadas de tránsito, con el asfalto en pésimas condiciones y sin banquinas que contemplen la posibilidad de una emergencia. Carreteras añejas que soportan el tránsito de autos cada vez más modernos y veloces. Obras que se anuncian y se van inaugurando por tramo, casi kilómetro a kilómetro, mientras se aguarda un plan integral que no llega.
Carné para todos, sin exigencias. Las licencias de conducir continúan siendo un tema de debate. Una problemática arcaica cuya no solución demuestra otro fracaso del Estado. Personas que viajan a Córdoba porque en varias localidades es demasiado simple acceder a un carné para manejar autos. Jóvenes que logran su primera licencia sin mucho esfuerzo, poca práctica y menos teoría. Cientos y cientos de ciudadanos que se incorporan al tránsito con más instinto que conocimiento.
Es un problema cultural. De todos. Con responsabilidades diferentes. Pero hoy son pocos los que parecen querer hacerse de esta problemática para lograr empezar el camino de revertirla.
Demasiadas víctimas
La cifra es tremenda: desde el 1º de enero de 2007 hasta el 31 de diciembre de 2014, 4.098 personas murieron en el tránsito de la provincia de Córdoba. En rutas, calles y en caminos de tierra.
Escrito de otra manera: una víctima fatal cada 17 horas.
Todos las cifras surgen de una base de datos de La Voz del Interior, que ya tiene relevados ocho calendarios completos.
Se trata de la única estadística que existe –oficial o no– en toda la provincia.
Con nombre y apellido de cada víctima, porque detrás de las cifras, de los números, hay una biografía que quedó trunca para siempre.
El objetivo, anunciado desde el comienzo, fue el de obtener una base de datos propia e independiente para lograr determinar cuáles son las variables más críticas en la mortalidad vial cordobesa.
¿Qué edad tiene la mayoría de los muertos en tránsito? ¿Qué tipos de vehículos son los que más chocan? ¿Cuáles son los días de la semana en que más choques hay? ¿En qué horario se produce la mayor parte de las tragedias viales? ¿Por qué dejamos de escribir rutas trágicas para marcar que la inseguridad vial también abarcada, y mucho, a las zonas urbanas?
Variables, conclusiones, datos, que han ido surgiendo en los ocho años de este trabajo periodístico elaborado desde la perspectiva de aporte social.
Poder determinar el origen de la catástrofe que en silencio sacude todos los días a los cordobeses, es lograr un punto de partida para empezar a trabajar en su remedio.
“Para la implementación de cualquier medida que pretenda ser efectiva, resulta indispensable contar con una base de datos de registro de accidentes completa, reglamentada, sistematizada y permanente, que nos permita conocer más sobre cada accidente, que nos ayude a definir las causas que los motivan”, escribió hace siete años en las páginas de este diario la ingeniera María Graciela Berardo, profesora de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC).
“Los datos que circulan, devienen de voluntariosos que generalmente detectan el último eslabón de la cadena de causas de los accidentes viales, el que con frecuencia recae sobre el factor humano, desconociendo que en muchos casos ese accionar humano responde a defectos del camino. En el aspecto vial, por ejemplo, la base de datos permitirá identificar puntos o tramos con concentración de accidentes, tipología de accidentes predominante, y otros factores para evaluar el comportamiento de los caminos en Seguridad”, subrayó.
Hoy, a ocho años de haber iniciado este camino, podemos reiterar, al igual que en los últimos balances anuales, que el diagnóstico ya está establecido, más allá de la pésima noticia que es ver como cada años la cifra de fallecidos en el tránsito continúa siendo altísima.
Falta que se comience a aplicar un remedio de verdad.

