El cartero de Villa Allende
¿Cuándo recibiste por última vez un correo postal que no fuera un impuesto? Hace cien años, los carteros recibían recompensas por su labor.
Una recompensa merecida. A nadie escapará lo que hay de loable y justiciero en la actitud de las personas veraneantes en la pintoresca población de Villa Allende, al recompensar con una suma de dinero al cartero de esa localidad que, durante la temporada que acaba de clausurarse, ha multiplicado sus afanes para que con la celeridad que le era permitida llegara a sus respectivos destinos las piezas de correspondencia, en cuya distribución puso no solo sus afanes, sino que también su celo, evitando confusiones y pérdidas.
Mucho nos hace dar a la estampa estos rasgos de altruismo, exteriorizados en forma tan oportuna como espontánea, beneficiando a personas de modesta condición que han hecho de su trabajo un culto y de su probabilidad un círculo donde no caben vicios ni deslealtades.
Don Abel Reynoso, llámase el cartero de Villa Allende y a quien el público ha querido premiar con dos donativos en dinero en un homenaje que honra al humilde empleado.
(Publicado hace cien años en La Voz del Interior)
* La ilustración pertenece a un óleo del artista plástico Ricardo Walter Rodríguez.

