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Cuestión de carne, precio y pecados

Quien nació, vivió y piensa morir en este país sabe que los precios de las cosas se desbocan a principio de año y al aproximarse las fiestas de fin de año. Rosa Bertino.

13 de noviembre de 2010 a las 12:01 a. m.
Rosa Bertino (Especial)
Cuestión de carne, precio y pecados

Escena 1. Juguetería céntrica. Señora pide un juego de ingenio. Se lo traen. La caja tiene el logo (inicial del apellido) de una conocida marca argentina. "¿Cuánto es?", pregunta. "74 pesos", le responden. "¡¿74 pesos?! ¡Si no hace tanto pagué 50 y chirolas!", se queja la mujer. Y se va. Los demás clientes observan con atención. Encargado y vendedora aseguran que la señora "está equivocada… este juego nunca costó 50 pesos". Los clientes callan, pero no otorgan. Obviamente, le creen a la que se fue sin comprar. El silencio ofusca al dueño, un pelado aún joven: "¿Acaso nosotros tenemos la culpa de la inflación? Yo me crié en la época de Alfonsín y no me la olvido más… Este país no va a cambiar nunca, porque acá somos todos iguales. Además, ¿por qué no van a quejarse a las carnicerías, eh?" Un señor mayor le contesta, imperturbable: "Una, los juguetes no se fabrican con carne. Dos, este país va a cambiar el día que todos hagamos como esa mujer". Intimidad. Escena 2. Lencería. Ingresa una clienta, entrada en años y kilos. Pide un corpiño especial, marca alemana. Se lo traen, advirtiendo que faltan colores. "Y bue… ¿cuánto es?", se resigna la mujer. "400 pesos", contesta la vendedora. El grito se escucha hasta el aeropuerto. "¡¿400 pesos?! ¡Si al anterior lo pagué 178, hará cosa de dos años y medio, y el dólar no aumentó tanto!" Fuera de sí, la compradora pregunta si donde fabricaron la prenda, sea Brasil, Chile o Bombay, pagaron nafta, dólar y carne a precio argentino, para que se justifique tamaño incremento. Patalea, pero al final paga y se lleva el corpiño. Incorregibles. Quien nació, vivió y piensa morir en este país, sabe que las cosas se desbocan a principio de año (cuando empiezan las clases) y al aproximarse las Fiestas. Lo que nunca sabrá es por qué esta vez. Durante Alfonsín, la hiperinflación no obedeció a las commodities ni a la carne. ¿Y antes, cuando Isabelita? ¿Qué provocó cada devaluación y cambio monetario? El juguetero tuvo parte de razón, al sostener que somos unos perdularios (viciosos incorregibles). Pero más tuvo el señor que le contestó que es una cuestión de conducta. Una vieja teoría, achacada a Max Weber, sostiene que los católicos sólo relacionan el pecado con el sexo, mientras protestantes y puritanos lo hacen también con el dinero. Diarios y revistas norteamericanos desmenuzan a magnates encarcelados por enriquecimiento ilícito o por estafar a sus clientes o al fisco. Acá ambas cosas son inimaginables: que vayan presos y que se difundan sus fechorías.