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Cómo queremos convivir

En la Legislatura de Córdoba se creó, en abril de este año, una Comisión Especial para el Estudio, Análisis, Modernización y Reforma del Código de Faltas. Edgardo Litvinoff.

18 de noviembre de 2012 a las 12:01 a. m.
Cómo queremos convivir

En la Legislatura de Córdoba se creó, en abril de este año, una Comisión Especial para el Estudio, Análisis, Modernización y Reforma del Código de Faltas. Hubo escaso movimiento en estos meses, pero esta semana se avanzaría con novedades y material que aportarían las autoridades provinciales, 
respecto a la postura que estas mantendrán de cara al debate que se viene.

No se trata de una discusión más: tiene que ver con 
la forma en que queremos convivir en Córdoba, en especial en una capital donde cada día se ven las caras más de 1.330.000 personas.

Entre aquellos que piden derogar toda la herramienta, 
y entre los que creen que hay que seguir como estamos, hay un amplio abanico de posturas que va más allá de la denostación de una figura polémica como el “merodeo” o de si la policía es mala y todos los ciudadanos, buenos.

Las preguntas que hay que hacerse antes de discutir ar­tículo por artículo son otras: ¿Qué vamos a permitir que la Policía nos haga y qué no? ¿Qué tanto vamos a resignar para bajar la inseguridad, que es ciertamente un problema? ¿Cómo nos gustaría relacionarnos con los demás habitantes de nuestra ciudad? ¿A qué llamamos “orden”? ¿Hasta dónde llega nuestra tolerancia? ¿Cómo lo admitimos? ­¿Cómo lo trabajamos?

Es obvio que ninguna sociedad del mundo puede funcionar sin reglas y que los seres humanos tenemos demasiada propensión a salirnos de las conductas que hasta nuestra conciencia nos dicta. El tema es pensar los límites.

En 2011 hubo 43 mil dete­nidos por el Código de Faltas en la ciudad de Córdoba. Una cifra alta, a pesar de las di­ficultades para establecer 
analogías.

Fueron 15 mil detenciones más que en 2009. Y en la provincia se registraron 200 aprensiones diarias.

Pero más allá de las cantidades –y de las críticas de los colectivos de jóvenes, de los legisladores de la oposición o de ONG que piden la reforma del Código– ya hubo hasta denuncias de agentes sobre la orden superior de detener gente para “hacer número”. Y recientes críticas de una jueza de Río Segundo sobre la arbitrariedad policial, por nombrar 
algunos cuestionamientos.

Lo que está en juego es el 
diseño de las herramientas 
para pactar la seguridad y al mismo tiempo la convivencia social. Y la forma en que se aplicarán las primeras.

Si el debate que se viene genera sólo defensas y rechazos –sin ver ni analizar cada matiz–, fracasará, al convertirse en una pelea entre bandos. Justamente lo que un Código de Faltas debería evitar.