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Buenos muchachos bien gauchitos

Todos somos buenas personas y mejores ciudadanos. Tenemos conmovedores gestos solidarios cuando ayudamos a quienes tienen problemas de salud, somos “gauchos” para dar una mano a quien se le quedó el auto y hasta donamos el vuelto en las cajas de los hipermercados para entidades de bien público. Juan Carlos Carranza.

19 de marzo de 2012 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Buenos muchachos bien gauchitos

En general, todos somos buenas personas y mejores ciudadanos. Tenemos conmovedores gestos solidarios cuando ayudamos a quienes tienen problemas de salud, somos “gauchos” para dar una mano a quien se le quedó el auto y hasta donamos el vuelto en las cajas de los hipermercados para entidades de bien público.

Pero hay ciertas situaciones que hacen aflorar nuestras peores versiones. Cuando vamos a vender nuestro automóvil usado, por caso, somos una usina de omisiones, mentirillas y medias verdades.

“¿Gasta mucho?”, nos pregunta el incauto comprador, y respondemos con un impreciso “normal”, cuando en realidad estamos vendiendo porque de otro modo tendríamos que adquirir una estación de servicio para poder circular. En este mismo rubro, cuando ponemos el aviso de venta, siempre apelamos a la mujer: “Dueña vende”, como si eso fuese una garantía del buen estado del vehículo.

“Es una hipocresía de los hombres –sostiene Cacho Yerom, el principal asesor de esta columna–. Usamos a las mujeres para vender un auto, pero en el tránsito no ahorramos momentos para mandarlas a lavar los platos. Siempre nos quejamos de cómo manejan. Incluso hacemos chistes machistas con el tema: ‘Dueña vende, 20 kilómetros... hasta que puso tercera’. Lamentable”.

También en el tránsito nos transformamos. Reaccionamos como el increíble Hulk ante el menor descuido del automovilista de al lado; nunca cedemos el paso a los peatones; tampoco damos prioridad al que sale de una rotonda, y tampoco respetamos las velocidades máximas, salvo cuando sabemos que está la Policía Caminera o nos pueden cobrar una multa con radares.

Maquillaje y exámenes. Qué desilusión nos produce a los hombres ver a las grandes bellezas del cine y la televisión sin maquillaje. Es increíble la cantidad de puntos que puede hacer subir un buen estucado. "Igual puede suceder en una primera cita, cuando quedamos impresionados por la voluptuosidad de la señorita, pero a la hora de la verdad descubrimos corpiños con mucho relleno", advierte Yerom, quien se ha llevado algunas desilusiones. Aunque, a decir verdad, las "defraudaciones" que él ha causado a las mujeres son más numerosas.

También dejamos de ser excelentes personas cuando vamos a rendir un examen, sobre todo en el secundario. Sometemos al azar nuestro futuro académico al estudiar la mitad de las bolillas, entre ellas la de los fenicios.

Con razón nos quejamos de los desbordes cloacales, pero no decimos nada cuando conectamos el desagüe del patio a la cloaca.

El problema es cuando estas pequeñas desviaciones de la vida cotidiana se reproducen en más altos niveles de decisión. Ahí la cosa se pone seria.