Ayudar a los chicos a aprender a jugar
El almanaque marca que está terminando el giro anual. La vuelta al sol marca que estamos por volver a empezar. Los niños, cansados, comienzan a poner los tiempos en nuevos modos, a reacomodar sus rutinas. Que deberían ser más libres, menos atadas al reloj. Como ahora están en casa, puede suceder que tengan que acompañar a mamá a llevar al médico a la hermanita más pequeña y hasta cargar el bolso. Eso le paso a Joaquín.
Mientras reviso a la beba, lo veo que con sus seis años y en rol de hermano mayor abre una libreta y se pone a pintar el Hombre Araña.
–Qué bien que no se entretenga con un celular –le digo a la mamá
–Sí, por suerte le gusta dibujar –me contesta.
–No es suerte, es por tu acción, por tu decisión de no darle el celular para entretenerlo.
–Cierto –me dice asintiendo.
Somos los adultos los que debemos encaminar, guiar a los más pequeños, aunque a veces estas acciones nos lleven a conflictos y a alguna rabieta.
Marcar los límites implica siempre reacciones de los niños. Enojos, llantos y, con los que hablan, alguna discusión.
Ser claros, explicar los motivos de la decisión. Dar razones, aunque a veces nos parezca innecesario, es una buena manera. Por más chicos que sean, entienden y esa justificación puede ser la diferencia entre aceptar o seguir desafiando.
Joaquín muestra que se puede entretener sin un celular y que es divertido tener una libreta en blanco y lápices de colores. Su insustituible creatividad lo llevará desde el Hombre Araña hasta una casa en la montaña con una lago azul donde nada plácidamente una ballena.
La ilimitada imaginación de un niño se potencia, se incentiva cuando, sin limitaciones electrónicas, puede bucear por mundos y galaxias que en él habitan.
El dibujo, la lectura, las artes, lo ayudarán a crecer. Los padres, por supuesto que también, si lo ayudamos, por ejemplo, regalándole libros en vez de tablets o siendo el dinosaurio herido que el doctor debe curar.
–Chau, Joaquín, te felicito. Seguí dibujando, lo hacés muy bien –lo despido.
– Chau. Después te traigo un dibujo. ¿De qué lo querés? –me pregunta.
–Si podés, haceme el escudo de Belgrano -–le digo, entre risas, sabiendo que es hincha de Talleres.
–¡No! Mejor te doy este Hombre Araña cuando lo termine –responde rápido y cómplice.
–Está bien. Chau, Joaquín.
–Chau, doc.
También nos dimos un beso y un abrazo.
*Pediatra

