Así como están las cosas
Así como están las cosas, será imposible pensar que los argentinos, en especial los del interior del país, tengamos vuelos más baratos, de calidad y a más destinos. Laura González.
Así como están las cosas, será imposible pensar que los argentinos, en especial los del interior del país, tengamos vuelos más baratos, de calidad y a más destinos de los que hoy podemos volar desde Córdoba, por ejemplo. En octubre pasado, el aeropuerto de Córdoba igualó el récord alcanzado en 1998 en cuanto a frecuencias internacionales: 42 vuelos semanales. Hace 12 años, 18 de esos vuelos eran operados por Aerolíneas. Hoy, ninguno de los 42. Para viajar al exterior por la empresa estatal hay que salir sí o sí de Buenos Aires.Uno podría pensar que tanto centralismo para viajar al exterior se compensa con una mayor conectividad hacia adentro. Tampoco: de los ocho vuelos diarios que habitualmente tiene Aerolíneas desde Córdoba, sólo uno va a Mendoza. El resto, a Buenos Aires. Andes vuela a Salta y Sol a Mendoza y a Rosario. Nadie va al sur, al norte o a la costa. El hecho de que una aerolínea sea operada por un ente público, privado o mixto debería ser irrelevante para el pasajero que paga su vuelo. Pero en esta crisis por el cierre temporario de Aeroparque sí pesa el hecho de que Aerolíneas sea estatal, porque es una empresa que –sin describir su irresuelto problema gremial– no vuela ni deja volar. Hace seis años que el Estado ignora los pedidos de licencias para operar rutas aéreas nuevas a una docena de empresas. En marzo de 2005 y después de mucho insistir, el grupo LAN pudo ingresar en el mercado de cabotaje local. Y no fue gracias a un permiso oficial: le pagó 500 mil dólares a Aero 2000, que no tenía flota pero sí rutas asignadas.El Estado no supo calcular el impacto que tendría la mudanza a Ezeiza y, obligado por la emergencia, bajó de 65 a 45 los vuelos de Aerolíneas. Excepto por algún ahorro de combustible, el resto de los costos siguen. En el primer semestre del año, Aerolíneas registró un déficit de 1.166 millones de pesos. La cifra equivale a una pérdida de 8.900 pesos por hora: lo que juntan en tres meses completos de trabajo la mitad de los hogares argentinos.

