Una lenta vuelta a la ganadería
Hoy, las existencias no sólo son mucho menores, sino que además son menos productivas. Ignacio Iriarte.
Disminuido el stock en casi 12 millones de cabezas en cuatro años, la tasa de extracción de equilibrio de la ganadería argentina no permitirá hoy faenas superiores a los 10-10,5 millones de cabezas anuales. Como consecuencia de la baja en la tasa de marcación actual –que se habría reducido entre 9 y 10 puntos con respecto a la década de 1990– hoy las existencias no sólo son mucho menores, sino que además son menos productivas, pudiéndose calcular que la tasa de extracción de equilibrio actual no superaría el 22 o el 23 por ciento del stock.En la década de 1970, cuando se comenzó a estudiar y a calcular esta variable, se estimaba este indicador en un 25 por ciento. La caída persistente del stock de vientres en las zonas donde éstos son más productivos (Buenos Aires, La Pampa) y el incremento del stock de vacas en el Noreste y en el Noroeste argentinos, donde la marcación se ubica entre el 50 y el 55 por ciento, ha determinado que el promedio ponderado a nivel nacional no haya hecho otra cosa que caer. Para colmo, la seca y la liquidación ganadera del 2007-2010 pegó mucho más fuerte en las zonas donde la cría es mucho más productiva que en el resto del país. En la última vacunación (la segunda de 2010) se registró el mismo número de terneros (11,5 millones), pero con casi 700 mil vientres menos, debido esto, en gran medida, a la recuperación de los índices reproductivos en las provincias de Buenos Aires y Entre Ríos. A menos. En las décadas de 1980 y de 1990, la tasa de extracción de equilibrio de la Argentina se habría estabilizado en un 25 por ciento, entre cinco y siete puntos superior a la del resto de los países de Sudamérica, pero hoy esa diferencia se ha estrechado. Durante el último ciclo de retención (el período entre 1999-2006) se advirtió que para destetar 700 mil terneros más fueron necesarios 1,67 millones de vientres adicionales.Ese desempeño denotó con claridad la baja productividad del stock de cría que se agregó al rodeo. A más. El factor positivo más importante para proyectar un crecimiento de las existencias ganaderas en los próximos años es sin duda el excepcional precio del ternero, tanto a moneda constante como en dólares (constantes). Un precio compensador es la señal más universal, incluyente y eficaz, si lo que se quiere es tanto que mejore el número de vientres como la tasa de destete de los mismos.Pero los factores negativos que pueden afectar el crecimiento del stock son muchos; el clima extremo, los excelentes precios de los granos, la incertidumbre generalizada, la falta de crédito bancario y sobre todo, paradójicamente, el altísimo precio de la hacienda, que impide a muchos criadores reponer los vientres perdidos durante la última liquidación. No sólo porque es necesario un enorme capital para poblar un campo. Los inversores más grandes del sector, pese a la rentabilidad que promete el negocio por varios años, retroceden cuando se enteran de que están entrando a la ganadería a los precios más altos de la historia, en un negocio que es de por sí fuertemente cíclico.De todos modos, al mercado de hacienda de invernada y cría le sobra demanda: a las compras de los feedlots integrados con la industria frigorífica, o con el abastecimiento de carne, se les han agregado –sobre todo en los últimos meses– los invernadores tradicionales, los criadores que compran terneras y muchos productores mixtos que compran de una a dos jaulas en las ferias regionales, en una lenta pero constante vuelta a la ganadería.

