La historia de Leonardo Brito es de esas que ponen la piel de gallina y sirven como recordatorio de que, cuando hay ganas, no hay distancia que valga.
Oriundo de Pampa Chica, un paraje rural en La Rioja, este flamante profesor de educación hizo del sacrificio su motor diario para alcanzar su sueño. Durante toda la carrera, Leo recorrió 16 kilómetros en bicicleta para llegar al Instituto Esmeralda Fares de Aguilar, ubicado en Chepes.
Cómo es su rutina
Su rutina era, cuanto menos, extenuante. Para cursar, debía pedalear bajo el sol o el crudo invierno riojano, entrando a las 18:40 y saliendo cerca de la medianoche, a las 23:30. Sin embargo, lo que realmente dejó a todos sin palabras no fue solo el esfuerzo físico, sino su compromiso académico inquebrantable. Según relató Alicia, una de sus profesoras, Leo "no faltó nunca a la escuela, ni a ninguna clase ni jornada institucional".
La constancia de Leonardo no pasó desapercibida para el cuerpo docente. Al ver el diploma en sus manos, sus colegas decidieron que era momento de devolverle, en parte, todo el esfuerzo que él puso durante años. El momento en el que lo sorprendieron con una bicicleta nueva y una nota de agradecimiento quedó registrado en un video que, como era de esperarse, se volvió viral en cuestión de horas.
El caso de este nuevo profesor se difundió rápidamente como un símbolo de voluntad. En un mundo donde muchas veces la inmediatez gana la partida, la historia de Leo recordó a sus compañeros y a toda la comunidad educativa que el camino al éxito se construye paso a paso, o en su caso, pedalada a pedalada.
Hoy, con el título bajo el brazo y el reconocimiento de quienes lo vieron persistir día tras día, Leonardo es un ejemplo de que, con perseverancia, las dificultades se transforman en escalones.