El debate sobre el verdadero esfuerzo que requiere la creación de contenidos en las redes sociales sumó un nuevo y picante capítulo. En las últimas horas, una reconocida influencer española se convirtió en el blanco de una catarata de reproches virtuales tras intentar visibilizar lo que ella consideraba la parte más sacrificada y compleja de su rutina diaria.
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La protagonista de esta polémica digital es Mailen Borda Aberastain Oro, una joven oriunda de Madrid que en el universo de TikTok brilla bajo el seudónimo de @mai.oro. La muchacha, que divide sus jornadas entre dar clases como profesora de inglés y generar clips de moda, maquillaje y estilo de vida, cuenta con una gigantesca comunidad que supera el millón de seguidores en la plataforma china.
Sin embargo, el enorme respaldo de sus fanáticos se desmoronó por completo tras su última publicación. Mai decidió prender la cámara para retratar el detrás de escena de lo que describió como un día verdaderamente complicado. En las imágenes, se la puede ver en el asiento trasero de un vehículo vistiéndose a toda velocidad con prendas de alta costura y zapatos de taco alto, lidiando contra el reloj para llegar a una sesión fotográfica.
Para contextualizar la secuencia, la madrileña incluyó una frase picante en la pantalla: "Ser influencer son todos lujos y comodidades". Con esto, la creadora de contenidos intentó demostrar el supuesto padecimiento que implica tener que mudarse de ropa varias veces al día en espacios reducidos y bajo una enorme presión horaria. "Pero lo haría una y otra vez", sumó al pie del video para dejar en claro que, a pesar del "sufrimiento", ama su profesión.
Lejos de despertar la lástima o la comprensión de la audiencia, el tiro le salió completamente por la culata. La publicación actuó como un imán de indignación colectiva por parte de miles de internautas, quienes consideraron una total falta de respeto que se catalogue como un trabajo insalubre el simple hecho de cambiarse dentro de un automóvil.
La caja de comentarios se transformó rápidamente en un paredón de historias de vida reales y reclamos contundentes. “Yo me vestía en el coche después de cumplir una jornada de siete horas de laburo para ir al hospital a cuidar a mi hermano enfermo y no andaba filmándome”, le retrucó con dureza una usuaria, mientras que otra persona sumó su experiencia estudiantil: “Yo me ponía el uniforme de mozo en el fondo del colectivo al salir de la facultad para no llegar tarde a trabajar, eso es correr”.
Ante la desastrosa repercusión y el implacable linchamiento digital, la profesora de inglés tomó la drástica decisión de bloquear por completo la sección de mensajes en el posteo, el cual ya había superado la barrera de las 1.2 millones de reproducciones en la aplicación de videos cortos.