El rol de los creadores de contenido dedicados a la gastronomía genera debates constantes en el universo digital, especialmente cuando las fronteras entre la publicidad tradicional y las exigencias de canje se vuelven difusas.
Una pequeña tienda de comestibles familiar en el Reino Unido se transformó en el centro de los aplausos virtuales al resolver con muchísimo ingenio y picardía la costosa propuesta que les hizo llegar una influencer.
El episodio ocurrió en Somerset Farmhouse, un comercio tradicional ubicado en la localidad de Williton, en el sudoeste de Inglaterra. Hasta allí llegó el mensaje privado de una joven tiktoker de unos 20 años, quien les ofreció un paquete publicitario concreto: grabar un video probando los embutidos y especialidades del lugar a cambio de una suma cercana a los 2.000 dólares.
Lejos de amedrentarse por las cifras o dejarse deslumbrar por la promesa de un alcance masivo, los propietarios del negocio decidieron rechazar la oferta de manera rotunda, pero con una genial vuelta de tuerca. La dueña del establecimiento, Sally Payton, optó por no gastar un solo centavo y armar su propia estrategia de marketing de guerrilla.
La mujer encendió la cámara de su teléfono celular y se filmó a sí misma, de manera súper casera y descontracturada, saboreando uno de los clásicos rollitos de salchicha que elaboran y venden habitualmente en el mostrador del local. El video fue subido a los perfiles oficiales de la tienda junto a un divertido e irónico mensaje que invitaba a la comunidad a interactuar para "hacer famosa" a la comerciante sin necesidad de intermediarios.
La jugada maestra tuvo un impacto inmediato que superó cualquier tipo de expectativa comercial. En poco más de 30 horas, la publicación casera rompió los algoritmos, superando la barrera de las 500 mil reproducciones y cosechando más de 50 mil "me gusta", métricas idénticas a las que prometía la influencer a cambio de su abultada tarifa en dólares.
Como era de esperarse, la sección de comentarios se llenó de elogios hacia la valentía y el humor de los carniceros británicos, y cientos de usuarios de diferentes ciudades prometieron desviar sus rutas para visitar el lugar de comidas.
“Las únicas personas que se dejan influir por estos influencers son las que no creen en sus propias capacidades. Bien por esta tienda, mis felicitaciones”, reflexionó un internauta en un mensaje que recolectó miles de adhesiones. En tanto, otro seguidor sintetizó el desopilante desenlace con una frase letal: "Giro inesperado de la trama: al final vos eras la verdadera influencer gastronómica".