Automóviles. Qué es “El Ojo de Dios” de BYD: el sistema de conducción inteligente que podría llegar a Argentina
La automotriz china presentó una plataforma basada en inteligencia artificial que permite manejar casi sin intervención humana, aunque su llegada al país depende de cambios regulatorios.
La conducción autónoma dio un nuevo paso con la evolución del sistema “God’s Eye” (Ojo de Dios) de BYD, una tecnología que combina inteligencia artificial, aprendizaje automático y datos en la nube para ofrecer una experiencia de manejo prácticamente autónoma. Aunque ya funciona en China, su desembarco en Argentina aún depende de modificaciones legales y decisiones políticas.
El sistema fue probado en Shenzhen, uno de los centros tecnológicos más importantes del mundo, donde BYD mostró cómo esta plataforma permite circular, estacionar y realizar maniobras complejas sin intervención constante del conductor.
Cómo funciona el sistema de conducción inteligente
El “Ojo de Dios” se apoya en la arquitectura electrónica “Xuanji”, desarrollada por BYD, que integra inteligencia artificial tanto en el vehículo como en la nube.
El sistema utiliza un modelo de IA “end-to-end”, es decir, que analiza el entorno y toma decisiones de manera integral. Funciona bajo una lógica similar a la de un conductor experimentado: observa, decide, evalúa riesgos y ajusta su comportamiento con el tiempo.
Entre sus capacidades, puede:
- Salir de un estacionamiento de forma autónoma
- Cambiar de carril y esquivar vehículos
- Frenar ante semáforos y obstáculos
- Realizar giros en U
- Estacionar incluso en espacios muy reducidos. En estos casos, incluso permite que los ocupantes desciendan antes de completar la maniobra.

Aprendizaje continuo en la nube
Una de las claves del sistema es su capacidad de aprendizaje constante. BYD asegura que más de 2,99 millones de vehículos ya generan datos en tiempo real, sumando alrededor de 199 millones de kilómetros diarios de información.
Estos datos se procesan en la nube, lo que permite mejorar la toma de decisiones del sistema en cada nueva conducción. La tecnología utiliza aprendizaje por refuerzo: evalúa cada acción, mide su resultado y optimiza su comportamiento para situaciones futuras.
Según la compañía, el objetivo es superar la conducción humana en escenarios complejos y reducir los riesgos de accidentes.

Seguridad y limitaciones
El sistema también prioriza la seguridad activa. Puede evitar colisiones a velocidades de hasta 130 km/h y detener completamente el vehículo ante imprevistos, incluso en condiciones adversas como túneles o puntos ciegos.
Sin embargo, no es un sistema totalmente autónomo en todos los casos. De hecho, solicita que el conductor tome el volante periódicamente durante algunos segundos como medida de control.
En su funcionamiento real, se observó que la conducción es más cautelosa que la humana, lo que puede generar reacciones de otros conductores, especialmente en entornos urbanos con tránsito intenso.
¿Puede llegar a Argentina?
Desde BYD confirmaron que Argentina está dentro de los mercados objetivos, pero aclararon que la adopción de esta tecnología no depende únicamente de la empresa.
José Miranda, director global de marketing, explicó a Clarín que se requieren cambios en las normativas de tránsito y una mayor apertura hacia este tipo de innovaciones. “No solo depende de nosotros, sino de las políticas públicas y de la confianza de cada gobierno”, señaló.
Actualmente, BYD ya tiene presencia en el país y logró posicionarse entre las marcas importadas más vendidas en los últimos meses, lo que refuerza su interés en introducir nuevas tecnologías.

Un cambio que va más allá del auto
La llegada de sistemas como el “Ojo de Dios” implica una transformación profunda en la movilidad. No solo introduce mejoras en confort y eficiencia, sino que abre el debate sobre seguridad vial, regulación y adaptación cultural.
Aunque el futuro de la conducción autónoma ya es una realidad en algunas partes del mundo, en Argentina su implementación dependerá de un conjunto de factores que exceden lo tecnológico.
Por ahora, el “Ojo de Dios” muestra hasta dónde puede llegar la inteligencia artificial aplicada al automóvil y anticipa un cambio que, tarde o temprano, también impactará en las calles locales.

