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Tecnología

Algoritmo. La dictadura del último momento: ya nos olvidamos de Maduro

Dicen que la historia se escribe en tiempo real, pero en estos tiempos de scroll infinito y atención fragmentada, la historia se borra antes de que termine de ser escrita... o al menos eso creemos.

04 de marzo de 2026, 11:09
La dictadura del último momento: ya nos olvidamos de Maduro
Nicolás Maduro. Imagen creada por IA.

Hace apenas dos meses, Nicolás Maduro era un dictador inamovible, el hombre que resistía sanciones y éxodos masivos. Hoy, en marzo de 2026, su nombre ya suena como un eco lejano, casi vintage, algo que mencionamos con la misma distancia con que hablamos de otros villanos de temporadas pasadas.

El 3 de enero, cuando las fuerzas estadounidenses lo extrajeron de Caracas como quien saca un mueble viejo de una casa tomada, todo era una catástrofe. Pero todo se fue desvaneciendo.

En la era digital, el paso del tiempo no fluye: se evapora.

El ciclo de la indignación efímera

Vivimos en la era de la "atención de pez". La expresión se asocia a la "memoria de pez" que se utiliza para describir una capacidad de concentración extremadamente corta o una tendencia a olvidar las cosas casi de inmediato. El mito de los ocho segundos de atención parece ser una premisa en la era de la dictadura del scroll, por la cual un viral de gatitos nos hace olvidar un hecho de suma trascendencia.

La tragedia venezolana, estancada en un ciclo de represión y resistencia, ha chocado de frente con nuestra incapacidad colectiva de sostener el foco. Para el espectador global, si un conflicto no ofrece un giro de guion diario o una resolución cinematográfica, deja de existir. Y eso parece ocurrir.

La liberación de Nahuel Gallo, el gendarme argentino que estuvo 448 días detenido en Venezuela, fue un nuevo giro a la novela histórica del país sudamericano. Pero pronto nos olvidaremos, o la noticia será engullida por otras de mayor trascendencia o espectacularidad.

Donald Trump y su incursión bélica en Irán, en conjunto con Israel, ya opacaron los scrolls de las redes sociales y medios. A muchos también les parecerá lejana la muerte reciente del narco Nemesio Oseguiera “el Mencho” Cervantes en México, la detención del expríncipe Andrés por el caso Epstein o el show en Jesús María entre “El Chaqueño” Palavecino y Javier Milei.

Hay algo mordaz en esta velocidad del olvido. La urgencia actual busca impactar. Y una vez que el impacto desaparece, la realidad se vuelve (casi) invisible. Nos olvidamos de Maduro no porque el problema se haya resuelto, sino porque nos aburrimos de él.

Nicolás Maduro. Imagen ilustrativa.
Nicolás Maduro. Imagen ilustrativa. (Grok.)

Mientras nosotros deslizamos el dedo hacia abajo en busca del próximo video o posteo viral, miles de venezolanos siguen viviendo en una realidad en la que el tiempo no pasa volando, sino que se arrastra entre la escasez y el miedo. Mañana será otro tema, otra tendencia. Y ya sabemos que el vacío se llenará con espectacularidad. No es una crítica: es lo que nos pasa.

Mañana será otra crisis, otro líder caído, otra bandera izada en otro lugar. Así, la noticia muere por inanición, devorada por el siguiente escándalo, la siguiente crisis o el último discurso de dos horas de algún presidente. La dictadura del último momento es un régimen invisible donde lo que no genera espectáculo simplemente deja de existir. La tragedia de Venezuela no es que haya cambiado de manos, sino que dejó de ser tendencia.

Es fascinante, y a la vez aterrador, cómo hemos normalizado el olvido. Hemos sustituido la memoria histórica por el scroll infinito.