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Increíble. Científicos crean una computadora con neuronas humanas vivas que aprendió a jugar al videojuego Doom

La empresa tecnológica Cortical Labs desarrolló el primer procesador biológico con cientos de miles de células cultivadas en laboratorio, superando la eficiencia de la inteligencia artificial tradicional.

09 de marzo de 2026, 16:13

La firma tecnológica Cortical Labs presentó oficialmente la primera computadora biológica comercial del mundo, capaz de integrar tejido cerebral humano vivo con microchips de silicio. Suena increíble, y lo es.

El dispositivo, denominado CL1, superó con éxito las pruebas de laboratorio al demostrar que sus células pueden procesar información y aprender a jugar al clásico videojuego de disparos Doom.

Para alcanzar este resultado empírico, los investigadores conectaron el software del juego a los impulsos eléctricos de las neuronas de forma directa.

Esta conexión permitió que la red biológica reciba datos del entorno, se mueva, detecte a los enemigos virtuales y ejecute disparos en tiempo real.

Cómo funciona el procesador neuronal

El núcleo estructural del sistema CL1 está compuesto por aproximadamente 800.000 neuronas humanas, desarrolladas in vitro a partir de células madre reprogramadas.

Para la demostración específica con el juego Doom, se utilizaron cerca de 200.000 neuronas operando sobre una matriz de alta densidad de electrodos.

Cortical Labs presentó oficialmente la primera computadora biológica comercial del mundo, capaz de integrar tejido cerebral humano vivo con microchips de silicio.
Cortical Labs presentó oficialmente la primera computadora biológica comercial del mundo, capaz de integrar tejido cerebral humano vivo con microchips de silicio. (Web)

A través de la prueba y el error, bajo el principio neurológico de minimizar la "energía libre" o sorpresa del entorno, el cultivo celular modificó sus conexiones para optimizar su desempeño.

"Hemos resuelto el problema de la interfaz", aseguró el doctor Alon Loeffler, científico de aplicaciones en Cortical Labs, ratificando el éxito del enlace entre los mundos biológico y digital.

Eficiencia frente a la Inteligencia Artificial

Más allá de este hito técnico en el ámbito del entretenimiento, el principal atractivo de la "Inteligencia Biológica Sintética" radica en su extrema eficiencia energética.

Mientras los grandes centros de datos que entrenan modelos modernos de inteligencia artificial requieren decenas de megavatios, el cerebro humano opera con apenas 20 vatios de potencia.

El director científico de la compañía, Brett Kagan, precisó que un bastidor completo compuesto por 30 unidades CL1 consume globalmente menos de un kilovatio.

Además, los estudios revisados por pares demostraron que, ante estímulos limitados, estas redes biológicas aprenden a adaptarse de forma mucho más rápida que los algoritmos avanzados de aprendizaje automático.

Comercialización y dilemas bioéticos

Cortical Labs ya ofrece comercialmente el dispositivo CL1 a un valor de mercado de 35.000 dólares por unidad física.

Cortical Labs presentó oficialmente la primera computadora biológica comercial del mundo, capaz de integrar tejido cerebral humano vivo con microchips de silicio.
Cortical Labs presentó oficialmente la primera computadora biológica comercial del mundo, capaz de integrar tejido cerebral humano vivo con microchips de silicio. (Web)

Paralelamente, la firma lanzó un servicio en la nube denominado "Wetware as a Service", permitiendo acceder de forma remota a los cultivos vivos por una suscripción de 300 dólares semanales.

Esta convergencia tecnológica generó rápidos debates dentro de la comunidad bioética global sobre los límites del desarrollo y el riesgo de generar "sufrimiento artificial" a mediano plazo.

Ante estas advertencias, la empresa aclaró que el sistema actual no posee receptores de dolor y carece de estructuras lo suficientemente complejas como para alcanzar una conciencia fenoménica.

El avance certero de estos procesadores de base orgánica comenzará a redefinir progresivamente la arquitectura del cómputo global, situando a la biología como la próxima frontera inexplorada de la tecnología moderna.