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“Tus lágrimas no me conmueven"

Entrevista a María Teresa Olmos, locutora. Sin sobreprotección. Cuando se le declaró la retinosis pigmentaria, origen de su ceguera, su marido no optó por la condescendencia, sino que la apoyó para que aprendiera a valerse por sí misma y que siguiera con su vida.

11 de julio de 2012 a las 12:02 a. m.
“Tus lágrimas no  me conmueven"

Tengo retinosis pigmentaria y suelo recordar, para darle un toque distinguido, es la misma enfermedad que tenía Borges. Es genética y viene de una rama de mi familia paterna, algunos de los descendientes de esa línea lo tienen y otros no. A mí me tocó, al igual que a mi papá y a mi hijo, al que se le declaró antes. Perdí la vista de grande, decir, hice el primario y el secundario viendo, pero ya trabajando de locutora, mi gran vocación, se me empezó a manifestar. Empecé a trabajar en radio Universidad en 1969, después de un largo camino de perseverancia en el que pasé por la recordada Radio Municipal y una radio de San Luis, pero ya en 1973 ya no toleraba las luces. A veces todavía sueño que estoy frente a una carpeta de la que sólo veo manchitas negras que era lo que veía en las malas copias de las carpetas de los textos publicitarios. También había empezado a hacer locución en Canal 10, donde todavía me resultaba más manejable.En los primeros tiempos lo soporté bastante bien, pero cuando Federico empezó a ir al jardín y yo tenía más tiempo libre, me empecé a dar cuenta y me dio una depresión terrible. Pero Fernando, mi marido, quien falleció en 2009, me dijo: "A mí no me conmueven tus lágrimas Teresa, porque sé que vos podés". Él me acompañaba a la parada de un ómnibus que se llamaba "La Capillense" a tomar el ómnibus hasta la Escuela para Ciegos Julián Baquero a hacer rehabilitación. Yo tenía una amiga de Canal 10 que vivía cerca, en la avenida Rafael Núñez y pasaba una noche en su casa y al día siguiente me volvía y mi marido se sentaba a esperarme en la parada. Fui saliendo, porque también tenía el ejemplo de mi padre, que había aceptado tan bien su ceguera. Al Julián Baquero le debo haber vuelto a vivir.Uno tiene que poner el motorcito en marcha, Dios – porque yo soy una mujer de mucha fe–, me permitió salir de eso y hoy lo que menos me pasa es la ceguera. Tejo, hago dulces, cocino y sigo trabajando, me costó mucho aceptar el bastón blanco, hasta que un buen día toqué fondo: me estrellé contra la columna del alumbrado público; iba a subir a una vereda y le erré al cálculo. En ese momento me acordé de una profesora de Julián Baquero que me dijo que si seguía resistiéndome al bastón iba a seguir cayéndome. Fui a la escuela para ciegos en 1983 y recién acepté el bastón en 1986.La sobreprotección es lo que deja más desnudo al ser humano, Fernando me amaba tanto que no quería verme sentada en un sillón como un mueble más de la casa. Inclusive, como también soy cantora, íbamos hacer viajes artísticos. Fue un marido excepcional.La retinosis pigmentaria es una enfermedad en la que se produce un achicamiento del campo visual, los pigmentos que van cubriendo la retina no cubren parejito y a lo mejor hay un costado derecho en el que podés ver un poquito, con el que uno puede todavía hacer algo.Habría que concientizar a la sociedad. Más allá de lo que se dice de que usemos el bastón blanco, aprendamos braile, es tan difícil aceptar, las personas que nacieron ciegas no perdieron nada, los que nacimos con la visión perdimos algo sobre todo los que teníamos una profesión que tenía que ver con la vista. Por ejemplo, en Julián Baquero tenía compañeros que habían sido fotógrafos. Hemos tratado de hacer tratamientos, hemos viajado a Buenos Aires. Hay grandes avances en la ciencia, pero para esta enfermedad por el momento no. Fernando me acompañó a salir emocionalmente del túnel, porque si vos aceptás la enfermedad como es, si aceptás la realidad como es, te la echas al hombro y es mucho más fácil vivir. Una de las materias que yo tenía en el Instituto se llamaba "Entrenamiento básico" y solo se tocaba el tema de la ceguera, las dificultades, las angustias. Todo eso me fue sacando. También mis compañeros. Gracias a Dios desarrollo una vida feliz, he podido superar muchas cosas. Mi marido tuvo un ACV en 2002 y falleció en 2009 lo sostuve porque él me había dado tantas manos a mí, pero no lo hacía por deber lo hacía por amor. Hubo que superar eso, el caminito no ha sido fácil. Yo siempre prefiero hablar de que sigo en el caminito, no me gusta decir "sigo en la lucha". La enfermedad fue progresiva, a los 40 años ya no podía leer y escribir, pero he podido sacar fotos muy lindas a Federico.Borges decía que "la vida le había dado los libros y la sombra". Yo he leído mucho de chica, gracias a Dios que pude hacerlo. No domino el braille, tengo los rudimentos. Generalmente a las personas que no han nacido ciegas les cuesta más que a las que lo han practicado siempre.En 2010, a través del Ministerio de Desarrollo Social, me otorgaron una beca de inclusión laboral. Había ido a pedir la posibilidad de pedir grabar frases institucionales y me ofrecieron una beca de inclusión laboral que me permitió hacer un programa de una hora y media en una radio de La Cumbre, donde vivo. Lo hice hasta diciembre del año pasado, hasta que se me acabó la beca. Pero este año tendré nuevamente la posibilidad de hacerlo. Haré cuatro, uno por cada uno de los últimos cuatro meses del año: uno en septiembre, dedicado a la primavera; otro en octubre; el tercero en noviembre, dedicado a la tradición y el último en diciembre, a las fiestas.