Carlos Carranza: No sólo curamos con medicamentos
El doctor Carranza asegura que es posible sacar una sonrisa a un niño que está postrado y que, con un pequeño gesto, es factible acercarse, compartir y hacer emocionar al paciente, a sus familiares y también al equipo de salud que está en el establecimiento.
Mi nombre es Carlos Alberto Carranza, soy médico oftalmólogo y vivo en Mina Clavero, donde, a través de una fundación llamada Faro (Fundación para la Atención Rural Oftalmológica), realizamos campañas de prevención de cataratas. Pero antes de eso –desde 2000 hasta 2010, y también este año–, participamos, con mi esposa, de una acción que me hizo ser parte de la fiesta navideña de una forma muy especial: junto con una asociación de adultos mayores, llamada Grupo Amistad, visitamos a los niños internados en el Hospital Pediátrico Niño Jesús, para entregar regalos y compartir con ellos –pero también con sus familiares y el personal de allí–, gaseosas y pan dulce.
Por un lado, fue una manera de devolver al hospital lo que me había dado –porque yo me formé como médico especialista allí, en la ex Casa Cuna–, pero también lo hice porque, con tan poquito, pude sentirme plenamente parte de esta fiesta, la fiesta navideña.
Durante todo el año, los abuelos del Grupo Amistad reciben donaciones y reacondicionan juguetes y ropa y, en los días de visita, uno de ellos se disfraza de Papá Noel y entrega los regalos. Al comienzo, eran sólo juguetes usados y reacondicionados; pero después, todo el mundo –vecinos y allegados–, compraba un juguete y lo donaba.
Aunque nosotros no pudimos hacerlo en 2011 –porque después de mudarnos a Mina Clavero se nos hizo muy difícil–, los integrantes del Grupo Amistad no dejaron de ir al hospital, y nunca podré olvidar lo que sucedió el primer año que fuimos. En el hospital estaba internada una nenita que se había quebrado un brazo y lo tenía enyesado. Estaba muy decaída, no comía, no se levantaba de la cama. La madre nos contó después, llorando, que la niña fue corriendo al patio a ver a Papá Noel y a recibir su regalo, y que volvió a sonreír. El abuelo que hacía de Papá Noel se conmovió tanto que se largó a llorar. Había muchos bebés que estaban en terapia intermedia; hay niños que no entienden por qué están ahí, por qué están internados y, al ver a Papá Noel, uno les saca una sonrisa. Parece una pequeñez, pero es una época en la que estamos todos más sensibilizados. Recuerdo a un niño que se levantó con el suero para ver a Papá Noel.
Cuando surgió la iniciativa, en el año 2000, yo estaba en segundo año de la residencia, tenía 30 años y hacíamos actividades solidarias, pero colaborábamos casi como espectadores. Ese año, el espíritu navideño andaba por el hospital, y quisimos cambiar la idea de que sólo curamos con medicamentos; que es posible sacar una sonrisa a un niño que está postrado. Que, con un pequeño gesto, podemos acercarnos, compartir y hacer emocionar a un niño es muy importante. Yo ahora soy padre –tengo una hija de 8 años y otra de 6– y me gusta ver emocionarse a mis hijas. La última vez que fuimos, en 2010, llevamos a la más grande. Tratamos de incluirlas cuando hacemos actividades de este tipo para que puedan valorar lo que uno, gracias a Dios, les puede dar. Hay niños que no saben cuándo cumplen años y en Navidad pasa lo mismo. Queremos que nuestras hijas vean la realidad de estos chicos, que puedan compartir, colaborar y observar esta imagen solidaria. Inclusive, nosotros aprendemos luego de ellas, porque los chicos ahora se interesan por cuestiones sociales –por ejemplo, por el medio ambiente–.
Finalmente, nos gusta estar ahí porque se juntan dos edades muy disímiles en un momento maravilloso. El Grupo Amistad se formó precisamente como una forma de ayuda mutua. Lo organizó mi esposa en barrio Altamira –hace más de 20 años, a través de una fundación que ya no existe–, precisamente porque estas personas estaban deprimidas, no tenían adónde ir. Participar en el grupo era una forma de juntarse, de estar comunicados. Son unas diez personas mayores de 68 años y algunas de las que estuvieron al comienzo ya no están. Ahora, durante el año, reacondicionan y ordenan los regalos y luego los entregan en el Hospital.

