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No me pidan que cabecee

Estudio. Tras analizar el cráneo, un grupo de científicos de Nueva York aseguró que la memoria puede sentir el impacto de la pelota cuando se cabecea reiteradamente.

11 de julio de 2013 a las 12:01 a. m.
No me pidan que cabecee

Ochenta kilómetros por hora. Esa es la velocidad que puede alcanzar la pelota en un partido de fútbol, lo que hace suponer que en un impacto contra ciertas partes del cuerpo puede dejar algo más que un moretón y dolor por días. Investigadores en los Estados Unidos –país donde cada vez es más frecuente la práctica del fútbol o soccer , como lo llaman allí, aunque nunca formó parte de la tradición popular, como el básquet o el fútbol americano– acaban de divulgar las conclusiones de un estudio que muestra que cabecear la pelota con frecuencia puede producir microalteraciones en la materia blanca del cerebro que se asemejan a las que se observan en personas que sufren lesiones traumáticas en el cráneo.Y lo peor es que, según sostienen estos investigadores, las personas que cabecean frecuentemente se enfrentarían con un riesgo mayor de desarrollar problemas de pensamiento y memoria. "Examinamos la relación entre cabecear y los cambios en el cerebro y en las funciones cognitivas, y descubrimos que cuantas más veces una persona golpee la pelota con la cabeza, más probabilidades habrá de que se encuentren anomalías estructurales microscópicas en el cerebro", declaró Michael Lipton, director asociado del Centro Gruss de Investigación con Resonancia Magnética del Colegio de Medicina "Albert Einstein" de Nueva York.Las funciones cognitivas a las que hacía referencia son el pensamiento y la memoria. Lipton agregó que el futbolista cabeceador "tiene más probabilidades de que le vaya peor en las pruebas cognitivas, sobre todo con respecto a la memoria".El doctor Lipton y sus colegas del Albert Einstein realizaron su estudio a partir de 37 futbolistas aficionados adultos, de entre 21 y 44 años, y de los cuales 28 eran hombres. Los voluntarios jugaban al menos un partido de fútbol de competición cada semana y entrenaban un promedio de dos veces a la semana; en el estudio, los participantes cabecearon entre 6 y 12 veces por partido. La mayoría de los participantes jugaba al fútbol desde que era chico. Los beneficios prevalecen. Los voluntarios fueron evaluados mediante una técnica de imágenes especial, denominada "resonancia magnética de tensor de difusión", que es capaz de obtener imágenes muy detalladas que muestran los cambios microscópicos que se producen en la materia blanca del cerebro; la materia blanca hace de red de interconexión entre las neuronas que conforman la materia gris del cerebro. Y, de hecho, esos cambios, similares a los que sufren las personas con traumatismo de cráneo, fueron reportados en las conclusiones del estudio, publicadas en la edición on line de la revista Radiology. Beneficios. De todos modos, es importante destacar que la práctica regular de actividades deportivas tiene numerosos efectos benéficos para la salud que no deben ser olvidados; en especial, cuando se trata de chicos y adolescentes, en los que la práctica deportiva es de gran utilidad en el desarrollo. Fernando Ulloque, médico deportólogo pediatra de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP), enumera los beneficios del fútbol en los chicos: "Desarrolla fuerza y flexibilidad en miembros inferiores, mejora en la velocidad y en la capacidad de reflejos, fomenta el trabajo en equipo y desarrolla capacidades coordinativas".Pero lo preocupante es que el estudio de Lipton no es un hallazgo aislado. Ya el año pasado la prestigiosa revista Journal of the American Medical Association (Jama) difundió un trabajo que vinculaba los cabezazos a la pelota con cambios en la materia blanca del cerebro. En esa ocasión, investigadores de la Universidad de Harvard, compararon a un grupo de futbolistas con nadadores, y descubrieron cambios en la materia blanca, similares a los observados en el nuevo estudio.