"Es muy importante difundir las señales de un ACV"
Ejemplo. El lunes fue el día del accidente cerebro vascular, y el médico sexólogo Juan Carlos Kusnetzoff, que sufrió uno en 1998, da testimonio de su experiencia.
Tengo 75 años y en 1998 tuve un ACV hemorrágico. Había cometido el error de dejar de tomar la medicación para la tensión arterial alta porque se había normalizado, algo que no hay que hacer. En realidad, me habían diagnosticado hipertensión unos años antes pero hacía 40 días que me habían prescripto un nuevo remedio, que me hizo muy bien y por eso dejé de consumirlo. Apenas cuatro meses después, tuve el ACV. Lo primero que sentí fue un dolor de cabeza intenso, que nunca antes había sentido, y luego comencé a decir cosas incoherentes. Estaba acompañado por mi esposa, quien me pidió que no fuera a trabajar y luego llamó a una ambulancia. Cuando me internaron, ya estaba inconsciente.
Mi hipertensión era producto de una predisposición, no de hábitos poco saludables. Yo era maratonista, me dedicaba al deporte y había abandonado la sal hacía muchos años, pero mi padre tenía hipertensión y es una enfermedad completamente silenciosa; de hecho, me la habían detectado en su momento por un análisis de rutina.
La recomendación que puedo hacer es hacerse el examen de rutina a partir de los 40 años y asegurarse de que el profesional que lo haga tenga en cuenta los antecedentes hereditarios. Eso permitirá medicar a tiempo y, una vez que se le administre el tratamiento hipertensivo -dieta baja en sodio, los comprimidos que requiere- mantenerlo toda la vida.
Volví a mi actividad normal unos 12 a 14 meses después del evento, tras hacer una rehabilitación neurolingüística y no puedo decir que me cambió la vida. De hecho, después de ese momento, pasaron cosas muy buenas en mi vida general y en la profesional. Trabajo muy intensamente, aunque cuido, en la medida de lo posible (porque es lo más difícil de regular), los factores de estrés. Me controlo la tensión con regularidad y nunca más tuve una cefalea, un dolor de cabeza, pero afortunadamente, si me sucediera, ya estoy advertido.
Los ACV se pueden producir por una obstrucción de una arteria que impide el flujo de sangre (isquémico) o por un derrame producto de su ruptura (hemorrágico). A mí realizaron una intervención y estuve entre seis y siete meses con tratamiento psiconeurológico, que incluyó ejercicios y test.
Es muy importante difundir los señales de alerta de un ACV y también es necesario que haya unidades de atención de alta complejidad, que en países como Alemania o Estados Unidos están distribuidos a lo largo del territorio nacional, para que se pueda hacer la intervención que me realizaron a mí en un plazo lo más corto posible a partir de producirse el evento. Las primeras horas son claves.
Actualmente hago la misma actividad que antes, ejerzo la medicina y escribo. Aunque ya hace un tiempo que no corro maratones.
Pasado cordobés
La Voz del Interior es el diario que mi padre compraba. Yo viví en la ciudad de Córdoba hasta los 14 años, estudié dos años en el Colegio Deán Funes, allá por los años ’51-’52. Viví en dos barrios: primero, y por un corto período, en Nueva Córdoba, en la calle Buenos Aires, y luego, por mucho más tiempo, en Alta Córdoba, Roque Sáenz Peña y Bedoya.
Tengo importantes amigos en Córdoba; días atrás me llamó uno que no veía hacía más de 60 años. Actualmente, él vive en Mar del Plata y ambos recordamos que nos colábamos en el tranvía que en ese momento bajaba por la Roque Sáenz Peña. Mi papa era militar, suboficial mayor, y habíamos llegado de Córdoba desde Puerto Deseado, Santa Cruz. Mi papá se jubiló en Córdoba y luego volvimos a Buenos Aires.
Vivir para contarlo
Juan Carlos Kusnetzoff participó en un documental sobre ACV, realizado en coproducción entre el Canal Encuentro y Fundación para el Estudio de las Neurociencias y la Radiología Intervencionista (Feneri). El programa fue dirigido por Mariano Cattaneo y producido por Ana Gambaccini para la Productora Matraz.
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