Cuando ayudar nace del corazón
El término “colostomía” no estaba en mi diccionario, no sabía qué significaba ni que existía. Sin embargo, cuando operaron a mi mamá fue una de las palabras que apareció en boca del cirujano al darnos el parte médico.
El término "colostomía" no estaba en mi diccionario, no sabía qué significaba ni que existía. Sin embargo, cuando operaron a mi mamá fue una de las palabras que apareció en boca del cirujano al darnos el parte médico. No voy a olvidar ese momento: en mi familia nos uníamos en un mismo abrazo y con mucho dolor tratábamos de comprender cómo sería la vida de nuestra madre a partir de ese momento. Luego, supe que mi mamá no era la única y que, por año, como consecuencia de un accidente o por una enfermedad, cientos de cordobeses deben ser "ostomizados". Quizá la invisibilización social ante esta problemática era una de las razones de mi desconocimiento.Como familia, pudimos estar "al pie del cañón" para asistirla desde los días posteriores a la intervención quirúrgica, pero eran muchas las dudas sobre cómo ayudarla adecuadamente. Es tanto el silencio y la falta de información, que algunas personas operadas no logran afrontar este cambio en sus vidas. La cirugía que le practicaron a mi madre fue un éxito, pero la preparación del paciente y de la familia por parte del sanatorio para encarar esta situación fue un absoluto fracaso. En diálogo con otros pacientes, corroboré que el escenario se repite. Los pacientes no son capacitados sobre cómo utilizar las "bolsitas de colostomía", qué cuidados se deben tener en cuenta, cómo acceder a buenos insumos o cuáles son las recomendaciones para una mejor calidad de vida. Son muchas las falencias que, como institución, sanitaria se cometen.Como familia nos involucramos en ayudar a mamá en su proceso de enfermedad. Las primeras semanas fueron difíciles, hasta que conocimos a los voluntarios de la Asociación de Ostomizados de Córdoba (Adoc), un valioso grupo de personas que se reúnen semanalmente en el Hospital Nacional de Clínicas.Allí, recibimos toda la atención, información y cuidados. Junto a los voluntarios de Adoc, aprendimos a naturalizar y desdramatizar el problema, pudimos consultarlos constantemente, adquirir los mejores insumos a bajo costo, escuchar a otras personas operadas y, sobre todo, aprender a ayudar y acompañar sobre este tema a nuestra madre. Mamá ya no está, pero con la ayuda de Adoc, y haciendo las cosas con mucho amor, pudimos estar a su lado acompañándola a transitar su enfermedad, a aprender a colocar correctamente las bolsas de colostomía y a asumirlas, no como un problema, sino como una nueva manera de vivir.
*Hijo de una persona colostomizada.

