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"Aferrate a algo que te motive a vivir"

Guillermo Brandán se convirtió hace 20 años en el primer niño trasplantado de hígado en el país, una operación muy compleja que implica todavía más riesgos en los pacientes pediátricos.

05 de diciembre de 2012 a las 12:02 a. m.
"Aferrate a algo que te motive a vivir"

Mi nombre es Guillermo Brandán, nací en Capital Federal y actualmente vivo en Carpintería (San Luis), donde me dedico al diseño gráfico. Vivía en Muñiz (partido de San Miguel), cuando hace 20 años –tenía 11– me convertí en el primer trasplantado pediátrico de hígado en el país y el primer trasplantado hepático en un hospital público, intervención que me realizaron en el Garrahan. En ese momento era excepcional porque es una operación muy compleja y, al ser un niño, hay muchos más riesgos. Hoy, los mismos médicos que me trasplantaron hacen operaciones en recién nacidos.

Me habían descubierto una enfermedad llamada “hepatitis crónica autoinmune con cirrosis” cuando tenía 7 años y mis padres habían recorrido varios hospitales, médicos, especialistas, pero nadie podía dar con el diagnóstico exacto. Hasta que en el Hospital de Clínicas San Martín me realizaron una biopsia en el hígado y con el resultado detectaron la enfermedad que para ese momento ya estaba bastante avanzada y no había forma de revertir. Los médicos dijeron que la única alternativa era realizar un trasplante de hígado, pero en esa época no había ningún lugar en el país en el que se realizara, por lo que había que viajar al exterior (a Cuba o Estados Unidos).

La vida en ese tiempo no era nada fácil. Ver jugar a los demás niños y tener la impotencia de no poder hacer lo mismo era frustrante. Tampoco podía comer lo que quería, me sentía cansado, agotado, pasaba los días acostado, porque las fuerzas no me daban para estar de pie. Al pasar los años, cada vez se hacía más difícil seguir adelante, había días que parecía que mejoraba, pero luego volvía a la misma situación. Eran tiempos difíciles, tanto para mí, como para mi familia.

Una noche estaba muy mal y mis padres me llevaron de urgencia a una clínica de San Miguel, pero al ver el estado en el que estaba me derivaron al Garrahan. Allí, ingresé por guardia y, desde ese momento, comenzaron a tratarme. Me internaron, me hicieron estudios de todo tipo y comenzaron a darme varias medicaciones, para lograr estabilizar la enfermedad. Pasé varios meses internado, luego me dieron el alta y seguí atendiéndome en ese hospital.

Como aún en el Garrahan no realizaban trasplantes, la doctora que me atendía le recomendó a mi mamá que fuéramos al Hospital Italiano, ya que ahí habían comenzado a hacerlo. Empezamos los trámites, pero poco tiempo después la misma médica nos llamó y nos dio la noticia de que había grandes posibilidades de que comenzaran a realizar trasplantes de hígado. Sin dudar un segundo, mis padres decidieron volver, ya que en ese hospital tenían toda mi historia clínica. No pasó mucho tiempo y un día, cuando fui a hacerme unos análisis de rutina, la doctora le dijo a mi mamá que estaba la chance de que me realizaran la operación. Yo no quería quedarme en el Hospital, así que nos volvimos a casa, pero con un beeper que nos facilitaron allí (aún no había tantos celulares como hoy). A la noche de ese mismo día (20 de noviembre 1992), sonó el "aparatito", que decía que debían comunicarse urgente con los doctores. Llegamos y ya me estaban esperando todos los médicos, enfermeros, especialistas para la operación. Así, el 21 de noviembre de 1992, pasado el mediodía, ingresé al quirófano. La operación fue un éxito, duró aproximadamente 17 horas.

Los médicos estaban contentos, porque todo había sido mejor de lo que esperaban. Ellos me habían dicho: “Nosotros hacemos una parte, pero lo más importante lo tenés que hacer vos… Aferrate a algo que te motive a vivir…”. Esas palabras resonaron muy dentro mío, les respondí que quería vivir y poder hacer lo que no podía.

Llevo una vida totalmente normal, como cualquier persona sana. Mi historia es un ejemplo para que todos tomemos conciencia que donar órganos es dar vida. Cuando me encuentro con las personas en la calle y les cuento que soy un trasplantado, no lo pueden creer; a varios les tuve que mostrar la cicatriz para que me creyeran. El trasplante es la última alternativa que la medicina tiene cuando los tratamientos no resultan.

Donar es bueno…, pero donar órganos es mucho mejor.