Noelia Buscaglia: Abrazar la vida, ese es el lema
Un antes y después a los 15 años. A esa edad se le declaró un cáncer linfático y estuvo en riesgo su vida y su fertilidad, pero dice que para ella la enfermedad no era sinónimo de muerte.
Los síntomas comenzaron a notarse unos tres meses antes de cumplir mis 15 años, en el verano de 1998. Entre ellos se destacaban fatiga, anemia, sudores nocturnos, fiebre, especialmente a la tarde; picazón en el cuerpo, pérdida de apetito y de peso, entre otros. Después de varios análisis en consultorios cercanos sin obtener respuesta, una noche sentí un bulto en mi cabeza. Era un ganglio inflamado; al día siguiente, me internaron y estuve en esa situación durante 58 días.
Los posibles diagnósticos eran leucemia, VIH, lupus, hasta que finalmente después de una biopsia de ganglios y una punción de médula dieron con el diagnóstico: linfoma de Hodgkin grado 4b.
Nadie de mi familia, ni amigos, sabía de qué se trataba, mucho menos yo. Así y todo sabía que mi cura era la quimioterapia y los rayos. Tras el alta, comencé el tratamiento ambulatorio. Transcurrió un año en total, con operaciones, internaciones y punciones de por medio, pero siempre con la esperanza de volver a mi vida habitual, ya que tuve que dejar el colegio por ese año.
Mientras duró la tormenta, nunca dejé de pensar que iba a salir, no lo dudé. Mi cabeza siempre estaba erguida y cada sesión de quimioterapia era “una menos; ahora, a seguir”.
Los médicos tenían prohibido por mis padres decir la palabra “cáncer”, pero eso era lo que tenía, cáncer linfático y de ello me enteré recién a pocos meses de terminar la quimio. Aun así no bajé los brazos, “cáncer” nunca fue sinónimo de muerte para mí. El 29 de septiembre de ese año asistí a la última sesión y en 2012 cumplí 13 años de aquel día inolvidable.
Continué con la radioterapia, que fue mucho menos invasiva, y finalmente al año siguiente pude retomar la escuela. Esa “vida habitual” a la que quería regresar nunca llegó, porque jamás fue lo mismo que antes, sino que fui un ser humano renovado y lleno de esperanza. Tenía que ganarme esa segunda oportunidad y fue así que empezó a crecer en mí los deseos de ser útil para alguien más, pero aún era muy joven para ser voluntaria de alguna entidad (tenía 16 años). Cuando tuve 24 años se me presentó la oportunidad de ser parte de una asociación que ayuda a familiares y pacientes con linfoma en Argentina. A partir de ese momento, comencé a completar esa parte que me faltaba, pero había algo más… un fantasma, el de la infertilidad.
Hacía un año que estaba casada cuando empecé a preguntarme sobre eso seriamente y después de la noticia de que no iba a logar ser madre sólo pasaron unos cuatro meses y me enteré de que Isabella crecía dentro de mí.
Hoy tengo 28 años, trabajo, hago deporte, estudio, soy voluntaria y madre de una hermosa nena de casi tres años completamente sana.
Abrazar la vida, ese es el lema, porque hay esperanza para pacientes con linfoma.
Qué es la enfermedad
Un linfoma es un tumor; es decir, un crecimiento anormal de células en el sistema linfático. El sistema linfático es una amplia red –parte del sistema inmunológico– de vasos o tubos finos que conectan ciertos órganos llamados ganglios linfáticos, los cuales se distribuyen en grupos por todo el cuerpo: axilas, ingles, cuello, tórax y abdomen. También hay tejido linfático en otros órganos. El sistema linfático transporta un líquido blanquecino llamado “linfa”, que contiene linfocitos: un tipo de glóbulos blancos importantes en el control de infecciones y agresiones.

