Caso Agostina. Desde hacía varios días la única hipótesis era hallarla sin vida: todos los indicios del final más funesto
Las pruebas que aportaron las cámaras, los entrecruzamientos telefónicos y las propias contradicciones de Claudio Barrelier apuntaron a un solo resultado y a un sector muy definido de la ciudad donde buscar los restos de Agostina.
El hallazgo de partes del cuerpo desmembrado de Agostina Vega, la adolescente de 14 años que estaba desaparecida desde el sábado pasado, se dio en el lugar donde hacía ya dos días que la buscaban con perros rastreadores, expertos del Duar, policías a caballo, drones y un gran número de policías que recorrieron a pie un sector hostil, con altos pastizales, lagunas y pozos.
No la buscaban viva ni en ninguna otra parte que en un polígono cercano a la zona poblada de barrio Ampliación Ferreyra, que linda con un descampado de unas 240 hectáreas. Existía la certeza de que su cuerpo, ya desmembrado, estaba allí. Una serie de evidencias llevaban a esa única conclusión.

El rumbo de la investigación
Las cámaras captaron cuando entró Agostina a la casa de Claudio Barrelier, en calle del Campillo 888, en barrio Cofico, pero nunca se la vio salir. Las antenas telefónicas captaron la presencia de la joven durante tres horas, en la noche del sábado 23 de mayo, pero después de ese momento, la señal desaparecía.
Se cree que Agostina murió poco tiempo después de entrar en esa casa en la que también vivían la esposa y la hija de Barrelier, aunque con una característica muy particular: existían subdivisiones en la edificación que hacían posible que las dos mujeres de la familia del acusado no la hayan visto a Agostina ni lo que pudo hacer con ella el hombre detenido. Lo que en otros casos era una coartada sólida o la necesaria complicidad de otros, en la arquitectura de la casa que habría sido el escenario del crimen era algo posible. Agostina no salió de allí con vida.
La evidencia que marcó el rumbo definitivo de la investigación fueron las imágenes de una cámara de un domo policial que estaba ubicado a unos 400 metros de uno de los ingresos de barrio Ampliación Ferreyra, que captó el momento en que en el Ford Ka de su nueva pareja Barrelier llegó a esa zona, ubicada a 17 kilómetros de su casa. El lunes 25 de mayo, alrededor de las 11.45, fue captado el auto negro entrando al sector donde luego se concentró la búsqueda y salió de allí media hora después, a las 12.15.
Cuando todos los medios nacionales le preguntaban al fiscal Garzón por el auto rojo, en la puerta de la casa de Cofico el fiscal dijo que había aparecido un auto que le daba un rumbo muy firme a la investigación. No hablaba del rojo, sino del Ford Ka negro.

Los restos de Agostina fueron hallados en un sector ubicado a unos 7 minutos de distancia en auto del lugar donde lo habían captado las cámaras. Estaban enterrados a escasa profundidad, en un pozo cercano a una acequia, tapado con tierra. Fue un perro rastreador el que señaló el lugar,.
Un entrecruzamiento de antenas telefónicas corroboró que Barrelier estuvo en el lugar en ese momento. Fue una evidencia de respaldo, que confirmaba que en ese lugar que el hombre conocía bien, porque jugaba al fútbol y tenía amistades en el lugar, había descartado algo: una evidencia o, como se corroboró, los restos de Agostina.
Los signos de la pesadilla
La peor de las hipótesis terminó por imponerse cuando la misma cámara que había captado el momento en que ingresaba Agostina a la casa de Barrelier mostró cómo cargaba en el Ford Ka prestado un tacho de 20 litros y varias bolsas negras de consorcio, el mismo lunes a la mañana, cerca de una hora antes de ser ubicado en el sur de la ciudad.

Barrelier primero negó que Agostina haya sido quien entró en su casa, que sólo la ayudó a pagar un remise, el auto rojo que se hizo famoso en los primeros días de la búsqueda. Luego, admitió que estuvo unos 40 minutos en su casa y luego se fue. También negó haber estado en Ampliación Ferreyra, luego lo aceptó.
El fiscal Raúl Garzón, cuando lo citó a ampliar la declaración el viernes, lo acorraló con evidencias y lo obligó a cambiar varias veces el relato. "Perdió la oportunidad de confesar y decir dónde estaba el cuerpo", afirmaban ya esa noche los investigadores.

Por la mañana se había confirmado otra evidencia clave, que apuntaba a la pesadilla: los peritajes químicos forenses de los expertos de Policía Judicial que examinaron la casa de Barrelier dieron positivo a la prueba de Luminol, incluso en elementos cortantes.
Entre las secciones del cuerpo de Agostina que fueron halladas en el descampado también se encontró un elemento cortante (las fuentes no confirmaron si era un cuchillo o una sierra).
Con este resultado, el fiscal Raúl Garzón decidió agravar la acusación contra Barrelier -ya sin abogado privado, tras la renuncia de Jorge Sánchez del Bianco- de privación ilegítima de la libertad por homicidio con algún tipo de calificación. Estos agravantes podrían, a su vez, incorporar otros elementos como contexto de violencia de género, alevosía y obrar mediante ardid, entre otros, que podrían añadirse con la profundización de la instrucción.
El encuadre de este caso en un contexto de violencia de género o ligado a un delito contra la integridad sexual es lo que podría seguir como desafío para la investigación. Incluso podría llevar a la consideración de otro agravante: el criminis causa, que es el delito que busca lograr la impunidad de otro, como una violación que es seguida por un homicidio.


