Una Cosa Nostra en el aeropuerto
De la mafia de los taxis sabían policías, funcionarios municipales y hasta la justicia. sin embargo, a la patota se la dejó crecer.
Comenzaron a fines de la década de 1990 y, cuando se oyeron las primeras quejas, quienes podían hacer algo prefirieron mirar para otro lado. El paso de los años los hizo crecer en patoterismo y sentirse intocables. Y quienes podían haber hecho algo y no lo hicieron, fueron suplantados en sus cargos por otros que tampoco hicieron demasiado. Y siguieron mirando hacia otro costado.El estrecho razonamiento de la patota amarilla era que, como sus miembros estaban horas anclados en el aeropuerto esperando pasajeros, podían hacer y cobrar lo que se les ocurriese. Así podían apartar al resto.Su mafiosa moneda de cambio para formar parte de la "familia" era abonar un tributo al "capo" y así ganarse su bendición y la de sus seguidores. El razonamiento era simple: vos pagás y formás parte, te vestís como nosotros y te quedás en la fila. Vos no pagás, preparate. Y muchos siguieron mirando para cualquier lado."Plata o plomo", solía decir Pablo Escobar. Aquí, aunque algunas víctimas aseguran haber visto armas, el método de apriete era más simple.Tampoco nada de pescados envueltos en diarios. El que no se mandaba a mudar de la fila de taxis, terminaba con dos tajos en cada neumático, hechos con destornilladores devenidos en púas carcelarias. Dos tajos bien hechos inutilizan del todo una rueda.Cuando los tajos no bastaban, se abollaban puertas o destrozaban lunetas a hondazos. En otros casos, la venganza llegaba en forma de escupitajos, trompadas o patadas, hubiera o no pasajeros a bordo.Y muchos siguieron mirando para cualquier lado.La mafia del aeropuerto no comenzó a funcionar en Córdoba ayer. Ni anteayer.Pasaron cuatro intendentes capitalinos (Germán Kammerath, Luis Juez, Daniel Giacomino y Ramón Mestre) y todos vieron a la patota y, ya sea por estar más ocupados en otras cuestiones o por negligencia, la dejaron crecer hasta que se tornó imparable.La Policía de Córdoba y la Policía de Seguridad Aeroportuaria también supieron hacerse las distraídas.Tampoco la Justicia hizo demasiado, a pesar de las denuncias que se fueron acumulando estos años en las unidades judiciales, como la N° 17.Bastó que de forma obscena se conociera cómo actuaba la patota a través de cámaras ocultas, de un programa de TV cordobés, para que la Justicia se sacara la venda.Hoy, 11 taxistas son juzgados, acusados de integrar la mafia del aeropuerto. Deberían ser 13, pero dos huyeron. Entre los imputados sobresale Martín "Cabeza de Bomba" Dómina, el supuesto cabecilla, a quien todos presuntamente le rendían tributo y quien, también según testigos, decidía la suerte de otros. "Háganle las gomas" o "péguenle un chirlo", serían sus frases más escuchadas.Todos forman parte de la "Asociación de Taxistas del Aeropuerto" (Atac, grupo no del todo reconocido por la Municipalidad de Córdoba, según consta en la causa). La figura de asociación ilícita los puede dejar varios años en la cárcel, donde ya están.Basta leer el expediente para quedar absorto por la impunidad con que la patota se movió estos años. Lo hacían tanto en el aeropuerto, dentro y fuera, como en distintas calles.De la mafia de los taxis sabían: los propios taxistas, los remiseros (los verdes y los que trabajan en el mismo Ambrosio Taravella), los pasajeros, los que cobran el estacionamiento, los guardias, los policías... Todos y todas. Pero ninguna autoridad hizo nada. Y si lo hizo, ni se notó."Acá hubo negligencia de algunos funcionarios o directamente hubo gente a la que le llenaron los bolsillos, y así se compraron voluntades. Si no, no se explica por qué muchos miraron para otro lado", razona el fiscal Pedro Caballero, quien terminó de enviar a los sospechosos a juicio y ahora, con más entusiasmo que recursos, trata de avanzar sobre las complicidades.Amenazas, aprietes y represalias fueron moneda de cambio por años. Ni siquiera las mujeres taxistas se salvaron.Cómo será la impunidad del grupo que, desde Bouwer, hubo ofrecimientos para dejar una granada o balear algunos domicilios de colegas testigos de la causa.El juicio en la Cámara 1ª del Crimen se reanuda en días. Se espera que allí se refleje, de boca de víctimas y testigos, la forma obscena en que siempre esa mafia se movió a la vista de todos, y se espera que quede en evidencia el incumplimiento de los deberes de varios funcionarios."Las cosas, por lo que tengo entendido, no cambiaron mucho en el aeropuerto", dijo la fiscal del juicio, Dolores Romero Díaz. No lo dice solo ella. Pasajeros y otros taxistas no dejan de quejarse. Mientras, muchas autoridades siguen haciendo lo que mejor saben.

