Inseguridad en Córdoba. Con la sospecha de una "entregada", buscan a la pandilla que convirtió una fiesta solidaria en un violento asalto

Tres delincuentes armados irrumpieron en el reconocido centro cultural La Minerita, en Unquillo, pocas horas después de una peña. Buscaban la recaudación del evento. Terminaron llevándose un vehículo, celulares y otros objetos.

27 de julio de 2026 a las 04:48 p. m.
Con la sospecha de una "entregada", buscan a la pandilla que convirtió una fiesta solidaria en un violento asalto
La Minerit es un espacio cultural de Unquillo: este domingo fueron víctimas de un robo.

La peña solidaria había terminado hacía apenas un par de horas. En La Minerita, un reconocido espacio cultural de Unquillo, en zona de Sierras Chicas de Córdoba, sólo quedaban su dueño, Oscar, y su pareja. Hablaban sobre lo bien que había resultado todo, cuando tres delincuentes llegaron para para cometer un robo planificado.

Iban fuertemente armados. Irrumpieron en el predio, a pocos metros del cruce con el camino a San Marcos, en una zona serrana que formaba parte de un antiguo predio minero, los redujeron y los ataron.

Oscar solo escuchaba ordenes: “¡No me mirés! ¡No me mirés o te quemo!”.

Todo sucedió el domingo alrededor de las 21.30, luego de una actividad cultural que había comenzado al mediodía. Los intrusos se manejaban a los gritos, según consta en la denuncia policial que dejó asentada el damnificado.

Durante ese lapso de tiempo, los desconocidos buscaban dinero.

“Llegaron con un solo propósito: querían llevarse la recaudación. Estaban convencidos de que iban a encontrar todo el dinero que habíamos juntado en la peña de la Nely, un evento solidario que realizamos en conjunto con el Movimiento Campesino de Córdoba”, dijo Oscar a La Voz.

Finalmente, los ladrones se fueron del lugar con una suma en efectivo (aún no establecida), tres celulares, una computadora, un televisor y un vehículo Fiat Fiorino, que había sido comprado dos días antes del robo.

Por el momento no hay detenidos. Tampoco hay imputados.

La Policía investiga los pormenores del robo con una idea fija: “Sabían a lo que iban. Contaban con información”, dijeron los pesquisas.

Oscar coincide. Para él los atacantes llegaron con un dato. “La jornada había comenzado a las 13 y se extendió hasta las primeras horas de la noche. Tenían información precisa: sabían que durante el día se había realizado el evento, aunque desconocían que la mayor parte de los pagos se había efectuado mediante transferencias y códigos QR”, comentó.

Y agregó: “Para mí fue organizado. Alguien pasó un dato".

Un robo cronometrado

Según relató la víctima, cuando todo había terminado y los últimos rezagados abandonaron el centro cultural, alrededor de las 21, salió a darle de comer a sus perros.

Allí fue sorprendido por tres hombres armados. Lo obligaron a regresar al interior del establecimiento, donde también estaba su pareja.

“Parecían tener contados los minutos y ensayado cada paso”, dijo el hombre.

Primero los tiraron al piso, según contó.

Luego los ataron de manos, mientras amenazaban con armas. No demoraron más de cinco minutos.

Con el terreno bajo dominio absoluto, comenzaron a exigir la recaudación de la peña.

Se mostraban seguros —comentó Oscar— y miraban a cada rato el reloj, como si el robo se tratara de un paso coreográfico que debía encajar en una porción de minutos.

“El primer momento fue de mayor tensión porque se toparon con una realidad muy distinta de la que venían a buscar. Somos un centro cultural; no manejamos grandes sumas de dinero”, comentó Oscar.

Y siguió: "Aparte la gente ya no maneja efectivo. Las entradas se habían vendido antes y muchos pagaron con transferencia, débito o QR. Por eso no se encontraron con el efectivo que venían a buscar. La recaudación había sido compartida, por lo que la mayor parte había quedado en manos del Movimiento Campesino".

Pese a ello, los asaltantes no abandonaron su plan.

El reloj mostraba las 21.45. Mientras uno de los ladrones permanecía vigilando a la pareja, los otros dos caminaron unos 80 pasos hasta la vivienda de los propietarios.

Una vez allí, revisaron las habitaciones. “Se llevaron distintos objetos de valor, todo lo que encontraron”, repasó Oscar.

Entre lo robado se denunció la falta de un televisor, una computadora, zapatillas, tres teléfonos celulares y la Fiat Fiorino blanca.

El vehículo todavía no había sido transferido. Sus dueños recién habían firmado el boleto de compraventa el jueves pasado.

Una vez con todo en su poder, los tres desconocidos desaparecieron. Para esa altura, ya habían pasado las 21.30.

Otra vez la violencia

Durante la media hora que duró el golpe organizado, los delincuentes también se mostraron violentos.

“Me pegaron dos puñetazos en un costado del cuerpo. Hubo algunos empujones. Se mostraban agresivos por los gritos”, comentó Oscar, aunque lo tranquilizó el hecho de que su pareja no sufrió mayores consecuencias.

Luego de la huída de los delincuentes, llegó la Policía y una ambulancia. “Tuvieron que darnos atención médica, porque somos hipertensos y quedamos muy nerviosos”, relató Oscar.

En el predio hay un sistema de alarma y un servicio de monitoreo. Sin embargo, los ladrones evitaron ingresar al salón principal.

Además, la vivienda de Oscar cuenta con una cámara, que se encuentra instalada en la cocina. “Lamentablemente no estaba funcionando bien y no registró imágenes cuando los ladrones estuvieron adentro”, expresó la víctima.

A pesar del mal momento y de la grave pérdida económica que sufrió Oscar, agradeció el hecho de que los delincuentes no pidieron las claves bancarias ni manipularon las billeteras virtuales.

“Sabemos que es una modalidad de robo que creció en el último tiempo, en parte porque la gente ya no usa efectivo. Lo bueno es que en este caso no sucedió”, dijo.

Preocupación por la inseguridad

Para el propietario, el robo terminó por confirmar un “cambio en la realidad” que atraviesa Unquillo.

"Antes esto era un pueblo donde uno vivía tranquilo. Eso cambió. Hoy hay inseguridad como en todos lados", afirmó.

También vinculó el crecimiento de estos episodios con el contexto económico y la falta de trabajo.

Contó que con frecuencia recibe pedidos de empleo para tareas de cocina, limpieza o atención durante los eventos y que muchas veces no puede contratar más personal porque la actividad no alcanza.

“Notamos que la gente tiene cada vez más necesidades económicas y menos trabajo. Esto puede tener un impacto directo en lo que está sucediendo con la inseguridad”, opinó.