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¿Quién rescata a los que no son “Bebelo”?

Chicos y más grandes que en un momento pueden ser las víctimas y a la vuelta de hoja, victimarios.

13 de mayo de 2017 a las 12:01 a. m.
¿Quién rescata a los que no son “Bebelo”?
En otras manos. La violencia urbana, asociada a la proliferación de armas clandestinas. (Ramiro Pereyra / Archivo)

Cuidarlo de las malas juntas. Protegerlo. Sacarlo del barrio. Salvarlo.

Tuvo la fortuna de llegar a este mundo con un poco más de habilidad y perseverancia futbolística que otros jóvenes de su edad.

Por eso, sus piernas hoy pueden valer millones de pesos, según se ilusionan en el club Talleres.

Y eso lleva a muchos a pensar en que la culpa es de todos los otros, porque su futuro de vida holgada parece ya estar escrito.

Sin embargo, hasta ahora Emanuel “Bebelo” Reynoso no pudo escapar del mismo destino en el que están sumergidos cientos de jóvenes de su misma edad en las profundidades de los barrios de la ciudad de Córdoba.

Hoy, la salida propuesta es individual. Salvarlo a él, a lo que significa su talento.

La culpa, en tanto discurso público y filtrado por las redes sociales que surgió desde el miércoles a la noche (cuando La Voz reveló que el jugador iba a ser investigado por un tiroteo en barrio Ituzaingó) hasta ahora, apunta a los otros.

Durante esas horas, varios intentaron minimizar lo ocurrido. Porque piensan que es más importante un partido de fútbol.

Lo mismo que se decidió hace casi un mes, cuando un joven agonizaba tras ser arrojado de una tribuna pero dentro de la cancha todo continuó como si nada.

El fenomenal negocio de la pelota nunca deja de rodar, en una voracidad en la que todo se mide en millones de pesos/dólares.

“Bebelo” quedó involucrado en un tiroteo de 19 balazos, muchos a media altura, o sea, a matar.

No hubo heridos y sólo se transformó en noticia nacional porque justamente se investiga si participó este futbolista profesional.

Hoy, se debatirá si debe jugar o no.

La agresividad diaria, cotidiana, a toda hora, ya no figura en la agenda pública, salvo cuando alguien muere entre tanta brutalidad.

En Córdoba, parece que 19 tiros a media tarde en un barrio cualquiera no merece ser noticia.

El estruendo de la violencia adormece el sentido común, lo anula.

Hoy, importa salvar al cotizado futbolista. Pero, ¿quién se ocupa de rescatar en esos mismos barrios a los que no son “Bebelo”?

Se trata de los condenados eternos al “entorno”, a las “juntas”, a sobrevivir entre tiros, narcos, policías corruptos e instituciones lejanas, que sólo los miran desde arriba del hombro.

Chicos y más grandes que en un momento pueden ser las víctimas y a la vuelta de hoja transformarse en victimarios.

Los que a fuerza de instinto se han ido acostumbrando a que una mala mirada, un insulto callejero o un reclamo por un exceso de velocidad termine con casi 20 balazos, a las 18.30 de un día cualquiera.

Varios de ellos hoy son los que nutren los institutos internos del Complejo Esperanza, el centro para adolescentes menores de edad en conflicto con la ley penal.

El diagnóstico general debería doler: adictos, sin estudios ni trabajo, hijos de familias numerosas, con padres sobrepasados por la realidad.

El lunes, no hubo clases en Complejo Esperanza. ¿La causa? Un “exceso” de violencia en el interior, entre los mismos jóvenes y también hacia los maestros. En el medio, un adolescente que recibió una feroz paliza.

Desde hace semanas, los adolescentes repiten los códigos carcelarios de los mayores. Tráfico de pastillas, peleas constantes, pabellones “liberados”...

Todo en medio de un año en el que estalló el conflicto entre los adultos, guardias y autoridades.

Ya de más grandes, si todo continúa así, estos mismos jóvenes, aquellos que nacieron en los barrios empobrecidos, al margen, y que no tuvieron la suerte de saber patear una pelota de fútbol, serán clientes permanentes del sistema penal.

El único “rescate” que ofrece el sistema para aquellos que no son “Bebelo”.