Maldita injusticia
Cuántas tragedias siguen esperando un fallo que no llega, sea por los artilugios de abogados, sea por la modorra de fiscales y jueces. No se habla de condenas ejemplificadoras, sino de dar justicia a tiempo.
El joven se cambió, se perfumó y se marchó hacia la fiesta de la espuma en la disco del pueblo, de la cual jamás volvería a su hogar. Lo que era felicidad con amigos derivó en tragedia. Bastó que Jorge Quiñónez (19) tocara un pasamanos y recibiera una descarga eléctrica que lo dejó malherido en el suelo, bajo la espuma. Lo sacaron muerto.La tragedia del ya desaparecido boliche Wall Street, en la ciudad de Río Ceballos, tuvo su perezoso y cuestionable fallo judicial 12 años después, al borde de la prescripción. Hace pocos días, un juez correccional de Córdoba dijo que se trató de un homicidio culposo y condenó a dos años y medio de prisión condicional a tres responsables del boliche.Justicia lenta, definitivamente no es justicia. Es un cachetazo duro, doloroso, insoportable, ofensivo del sistema hacia los ciudadanos. No se discute aquí si la figura penal o la condena son justas, más allá de lo que uno pueda sentir. De lo que se habla es de la eternidad que pueden demorar los encargados de administrar eso llamado justicia.Al ciudadano se le pide que cumpla obligaciones, que respete normas de una sociedad supuestamente civilizada y, por cierto, no haga justicia por mano propia. Sin embargo, el mensaje que el sistema judicial suele dar parece burla.La tragedia de la disco de Río Ceballos no es el único cachetazo de esta justicia cordobesa que, en muchos casos, descansa en sueños profundos. Los casos superan lo admisible.Hace 12 años, una mujer contrajo sida durante una transfusión de sangre en una clínica de la Capital y transmitió el virus a su recién nacido. De los seis acusados, dos llegaron hace poco a juicio: uno fue absuelto y otro condenado a tres años, condicionales.Los casos de injusticia sobran en esta Docta que, pomposamente, supo denominarse pionera en derecho. ¿Derecho para quién? ¿Para quiénes? ¿A costo de qué?¿Qué ocurre con la tragedia del avión Piper en el aeropuerto Taravella, en 2005, que se cobró la vida de seis personas? El aletargado juicio tiene tantas telas de araña como la causa del 107, la ambulancia que estalló en 2006 en una avenida de la capital provincial y dejó cuatro muertos.¿Qué decir del tiempo que esperan los familiares de las víctimas del incendio del geriátrico en el Cerro de las Rosas, donde fallecieron seis abuelos? ¿O del anfibio que se hundió en Villa Carlos Paz en 2003 y se llevó cuatro vidas? ¿Y de los muertos de dos choques trágicos y calcados ocurridos en la autopista Córdoba-Rosario, merced a tormentas de tierra y a la ineficacia de la Policía Caminera?Cuántas tragedias siguen esperando un fallo que no llega, en parte por los artilugios y dilaciones de abogados y, por otro lado, por la modorra de fiscales, juezas y jueces. No se habla de condenas ejemplificadoras, sino de dar justicia a tiempo, sin brechas de sospecha.¡Qué sensación de injusticia queda para aquellos vecinos de la ciudad de Río Tercero que recién ahora, 19 años después, esperan un fallo por la explosión de la Fábrica Militar, en lo que, todo lo indica, fue un atentado que cierto poder político quiso tapar!Una causa, un drama, cualquiera sea, no puede demorar una eternidad en ser resuelto para que sus autores respondan por acción (dolo) u omisión (culpa).¿Qué tienen que esperar ahora los damnificados por la explosión en el depósito de barrio Alta Córdoba? ¿En qué década verán justicia? ¿Qué le queda a aquel que, sin dinero para costear un abogado, ve cómo el drama que le arrebató la vida de un ser querido naufraga en el tiempo y se empantana en sumarios, para quedar en la nada? Si no, veamos la impunidad y la injusticia por el fatídico vuelo 3142 de Lapa, en 1999, causa que concluyó 11 años después, con casi todos absueltos y sólo dos condenados con prisión en suspenso. Aquella tragedia, de no mediar ninguna sorpresa, va camino a la prescripción definitiva.

