La tragedia de los menores, nuestra mayor tragedia
Mitigar los efectos que las crisis económica y moral están haciendo en quienes son nuestro futuro no es una tarea fácil, pero siempre vale más emprenderla que negarla.
En la sociedad de nuestros días, la violencia parece un abismo en el que caen individuos de todos los grupos etarios. Pero es en la temprana edad donde se muestra en su mayor abanico de manifestaciones. Chicos que asesinan o mueren asesinados; chicos que matan o mueren a golpes; chicos que son víctimas de tragedias viales; chicos arrastrados por la corriente de las adicciones; chicos...
El preocupante crecimiento de casos dramáticos que tienen a niños, adolescentes y jóvenes como protagonistas merece una urgente atención. Mitigar los efectos que las crisis económica y moral están haciendo en quienes son nuestro futuro no es, por cierto, una tarea fácil, pero siempre vale más emprenderla que negarla.
A los que están sumidos en la oscuridad, hay que mostrarles que hay luz al final del túnel; a los que no esperan nada del porvenir, hay que hacerles ver el panorama de un horizonte despejado y lleno de oportunidades; a los que están a punto de ahogarse en las dudas, hay que arrojarles salvavidas de certezas; a los que viven en la irresponsabilidad y el descuido, hay que darles un baño de prevención y enseñarles el valor de la vida; a los que se sienten solos, hay que acompañarlos; a los que se consideran vacíos, hay que darles un continente de saberes que los colmen...
Esas múltiples tareas corresponden a infinidad de actores, empezando por los padres, e involucra a docentes, autoridades, funcionarios, profesionales, deportistas, voluntarios, ilustres, desconocidos y todos aquellos que alguna vez fueron chicos o jóvenes y atravesaron esa etapa de padecimientos, para poder interpretarla y desarrollar la empatía necesaria.
La principal tarea
Pero si estamos muy lejos de poder alistar a ese ejército de voluntarios que nos hace falta para salvar a cientos de miles de chicos en problemas, más lejos estamos de la principal tarea, que es la de otorgarles un modelo de éxito, un ejemplo a seguir que no sea el que hoy se les muestra: una sociedad donde la pasa mejor el corrupto que el honesto; donde el que más roba es quien goza de mayor impunidad; donde el que más trabaja es el que más impuestos paga y donde, entre otras aberraciones, la hipocresía actúa como un maquillaje para que veamos bellos e inmaculados a quienes más roban y mienten.
En otras palabras, reparar las miserias de los mayores es la primera acción, el primer deber, en pos de evitar la tragedia que sufren hoy nuestros menores.

