Ejecutó de un balazo a su cómplice: le dieron cinco años de cárcel
En una pelea entre ladrones, el jefe del grupo fusiló a un joven. Fue en 2016. Para el juez, fue un exceso en la legítima defensa, algo equiparable a matar por imprudencia.
“A mí no me caga nadie”, se le escuchó gritar a viva voz, aquella noche, a Daniel Oscar Sosa (40), mientras apretaba con destreza y seguridad su pistola calibre 40.
El expresidiario, un pesado apodado “Tokín” por sus amigos y familiares, apuntaba directo a la cabeza de Héctor Zamora (19).
El muchacho supuestamente había osado sacar una tajada de más a una serie de robos que supuestamente la banda había cometido horas antes.
Zamora, el pibe, había sido citado por el cabecilla del grupo para saldar cuentas. Luego, se le encontraría un revólver 22 que casi ni alcanzó a sacar del pantalón.
"¡A mí no me caga nadie!", volvió a gritar "Tokín" Sosa antes de gatillar la calibre 40. El balazo atravesó el cuello de Zamora. El proyectil se incrustó en una pared y por fortuna no alcanzó a nadie más.
Era la noche del jueves 4 de agosto del año pasado en la villa Bajo Pueyrredón, un castigado sector de la zona este de la ciudad.
Ayer, el autor de aquel crimen recibió una controvertida condena de 5 años de cárcel efectiva.
El juez Gustavo Ispani, de la Cámara 3ª del Crimen de Córdoba, lo halló culpable del delito de exceso de homicidio en legítima defensa. Precisamente, ese había sido el pedido de pena efectuado por el fiscal, Marcelo Hidalgo.
Para el funcionario acusador y los jueces, “Tokín” se excedió al enfrentarse al muchacho que supuestamente robaba para él. “Podría haberle tirado al pie, o a otro lado, pero no, le tiró al cuello”, expresó el fiscal en la audiencia, quien indicó que eso encuadra como un exceso de la defensa.
La parte querellante, en nombre del joven asesinado, había pedido 27 años de cárcel al entender que se trató de un homicidio agravado por el uso de arma de fuego.
El defensor de “Tokín”, en tanto, pidió su absolución al entender que se había defendido en una especie de duelo callejero.
Sin embargo, Sosa fue condenado por exceso en la legítima defensa, un tipo de homicidio que se equipara al de tipo culposo (cuando se mata por imprudencia o negligencia).
Fuentes judiciales señalaron que “Tokín” es un “viejo presidiario que permaneció casi la mitad de su vida preso por distintos delitos, principalmente robos.
Crimen tras ronda de robos
Según el fiscal Hidalgo, en el juicio quedó claro que Daniel “Tokín” Sosa, Héctor Zamora (finalmente fallecido) y un tercer individuo “integraban una banda dedicada a cometer asaltos”.
En aquel inicio de agosto de 2016, según surgió en el juicio, el grupo estaba fuera de control.
En ese marco, aprovechando su experiencia, “Tokín” presuntamente les enseñaba a sus secuaces a robar, a “apretar” y también les proveía armas.
Así las cosas, en un relativo corto lapso, primero se apoderaron de un auto y luego de una moto, en General Paz, para luego asaltar a un delivery que les llevó unas pizzas. El trabajador terminó siendo asaltado finalmente y sufrió el robo de su propia moto.
Momentos después, el muchacho fue contactado por los delincuentes, quienes le ofrecieron devolverle el rodado a cambio del pago de un rescate, el cual habría sido finalmente abonado.
El fiscal Hidalgo dijo que “Tokín” se enteró de esa extorsión y, al verse excluido de la maniobra, citó a Zamora para discutir porque creía que el grupo estaba haciendo dinero sin él.
Así fue que Zamora fue a discutir con “Tokín” y terminó ultimado de un balazo.
En el juicio fue clave el testimonio de un joven que presenció todo y brindó detalles de la ejecución.
Por seguridad, a la sala de audiencias no se permitió el ingreso de allegados al acusado ni de la víctima. Sin decir nada, “Tokín” volvió a la cárcel para cumplir sus nuevos cinco años de condena.

