Cuando el humo negro comenzó a salir con más intensidad a través de la persiana de la ventana, los vecinos volvieron a tocar timbre. de manera mucho más insistente. Nada.
Volvieron a golpear la puerta de calle y la misma respuesta. Nada.
Fue entonces que decidieron abrirla a patadas. No tardaron.
A poco de entrar a la casa, y contrariamente a lo que se imaginaban, no se dieron con un gran incendio, sino con algunas pertenencias quemándose en la cocina. El olor a gas desde la cocina, lo inundaba todo.
Bastó que fueran al comedor para que encontraran a una persona joven tirada boca abajo. Nada quedaba por hacer. Había sangre.
Un llamado entró al 911 y, a los minutos, el domicilio se llenó de policías uniformados. Más tarde llegarían los otros, los que no tienen uniforme: los detectives de Homicidios.
Fue cuando descubrieron que la víctima había sido atacada con brutales golpes y numerosas puñaladas.
El asesino, antes de irse, había querido quemar la casa y hacerla explotar para borrar rastros.
Además, se robó el celular de la víctima como si eso sirviera de algo.

Aquel domingo 12 de abril pasado, otra historia de espanto había sido descubierta dentro de cuatro paredes en la ciudad de Córdoba. Fue en calle Mendoza al 377, barrio Alberdi.
Víctor Hugo Monteros tenía 44 años. Nacido en Tucumán, se había instalado en Córdoba donde ejercía la arquitectura.
Todos lo conocían como “Vica”. Sus amistades y familiares dirían que “Vica” no se consideraba mujer. Se definía gay e integraba de manera activa y decidida el colectivo LGBTIQ+.
A tres meses del atroz asesinato, la investigación y la causa avanzan a paso firme: el único acusado, Maximiliano Agustín Sallito (27), permanece preso en la cárcel de Bouwer.
Homicidio triplemente calificado por alevosía, ensañamiento y odio sexual fue el delito imputado por el fiscal Guillermo González, quien firmó la prisión preventiva.

El mismo delito y la misma preventiva fueron ratificados por el juez de Control Carlos Romero.
La situación para Sallito, un joven empleado de bar, casado, padre de un nene y de otro en camino, es por demás complicada.
El delito atribuido, en caso de condena, prevé prisión perpetua.

Indicios de un alevoso asesinato
WhatsApp revelador. Tras el hallazgo del cuerpo, los pesquisas se pusieron a trabajar en la escena del crimen. Lo primero que hallaron fue la notebook de “Vica”.
La función WhatsApp web fue esclarecedora: se determinó que el joven había pactado un encuentro con otro hombre en su casa.
Se habían conocido a través de una aplicación de citas. Tras distintos mensajes, habían decidido verse y mantener un encuentro. Para el fiscal, el otro interlocutor era Maximiliano Sallito. “Vica” lo llamaba “Maxi Sallito”. Se le veía la foto.
El fiscal entendió que ese domingo se vieron por primera vez y el encuentro derivó en crimen.

Brutal ataque a traición. La autopsia determinó que “Vica” recibió una andanada de golpes sobre todo en la cabeza y desde atrás. Eso le quitó toda posibilidad de defensa, a pesar de que la víctima practicaba crossfit y estaba en buen estado.
Una vez que cayó al piso en la casa, volvió a ser atacado, esta vez con un cuchillo. Recibió 38 puntazos en el cuello y la espalda.
Para el fiscal y el juez, ese ataque representó alevosía y la intención de causar dolor por demás. Sallito fue detenido a los pocos días.

Cuchillo y zapatilla. En la vivienda del acusado, en barrio San Martín, se hallaron dos pruebas clave: un cuchillo afilado en el techo y con restos de sangre y zapatillas deportivas lavadas en su cuarto. El arma blanca fue enviada a peritajes.
La huella de la zapatilla derecha es compatible en un todo con una pisada hallada en la casa de la víctima.

Uber moto. Los pesquisas dieron con el chofer de moto aplicación que ese domingo de abril trasladó a Sallito desde su casa hasta el domicilio de la víctima. El viaje costó $ 2.000. El chofer habló y dio detalles del viaje.
Rastreo de cámaras y celulares. Hay una prueba clave que hacen desde hace algún tiempo los investigadores policiales: analizar de manera detallada y cronológica las secuencias de filmaciones con cámaras de seguridad (policiales y privadas) con los movimientos de los celulares de los acusados en base al rastreo y triangulación de las antenas. Es un peritaje complejo, metódico y de altísimo valor probatorio. Es un ADN del movimiento y secuencia de presuntos victimarios.
Sallito queda muy comprometido.

Examen de ADN. En el marco de la pesquisa, el ADN del acusado ya fue hallado y detectado en el cuerpo de “Vica”. El perfil genético es una prueba gravitante y certera.
Las manos y brazos de Sallito muestran lesiones recientes.

Red social X y el odio sexual. Para la fiscalía, el acusado sabía que “Vica” era gay y, desde ese punto, fomentó un encuentro en su vivienda. Al estudiar el perfil en redes del sospechoso, se descubrió en sus dos redes de X (ex-Twitter) una amplia secuencia de posteos, reposteos y mensajes de profuso contenido homofóbico. Repite muchas veces “asco” y “odio”. Habla de “matarlos”.
Odio sexual. Con todo, el fiscal acusó y cercó a Maximiliano Sallito de haber fomentado un encuentro con “Vica” y, tras ese momento, le habría dado muerte de una manera brutal y certera a traición. Acusó a Sallito por homicidio calificado por: premeditación, ya que no fue para el fiscal un ataque súbito sino que estuvo planeado; la alevosía, por el ataque desde atrás y sin dar chance de defensa y con la finalidad de causar dolor en la víctima; y por odio sexual (finalidad homofóbica).

La versión del acusado desestimada. Maximiliano Sallito, a través de sus abogados, quiso hacer pasar el encuentro con “Vica” como “pactado de antemano y pago” y acusó a la víctima de no haberle querido abonar dinero aquella jornada.
Esto derivó en una pelea, según los defensores. Los defensores llegaron a plantear que lo de las 38 puñaladas fue una situación “de caos mental” y llegaron a plantear un estado de “inimputabilidad”. Desvirtuaron las frases homofóbicas en las redes.
Estas posturas defensivas ya fueron rechazadas y desechadas tanto por el fiscal como por el juez.

Habla el juez Romero, tras avalar la pesquisa del fiscal González, al confirmar la prisión preventiva: "Las expresiones vertidas por Sallito en sus redes –relevadas por el personal comisionado abocado a la investigación- dan cuenta de una conducta sistemática cuyo objeto de agravio lo constituían personas homosexuales o pertenecientes a otras identidades de género diversas. Allí refiere que tiene “ganas de matarlos”, que desea que se mueran o que los deberían “cagar a palos”. Dichas expresiones revelan un odio hacia aquellas personas que públicamente vivencian su sexualidad de una manera diversa a la suya y no constituyen meras expresiones inoportunas y poco felices. Paradójicamente, Sallito se vinculó con Monteros conociendo su orientación sexual y su expresión de género y -aun cuando la víctima encarnaba todo aquello que el imputado públicamente repudiaba- en la intimidad le hablaba con pronombres femenino (...).

