La primera audiencia del juicio por jurados por el homicidio de Pablo Enrique Giménez Casado (43) en mayo de 2024, en Villa La Bolsa, dejó muy comprometido al acusado Lucas Martín Cejas (42). Los primeros testigos reafirmaron la acusación al indicar que el crimen se habría cometido para despojar al tarotista de sus pertenencias, tarjetas de compra y hasta un automóvil.
El debate se sigue en la Cámara 1ª del Crimen de la ciudad de Córdoba e incluye a jurados populares. Los vocales técnicos son Carlos Granda Ávalos, José Pueyrredón y Mario Capdevila. La acusación en el debate está a cargo de la fiscal Milagros Gorgas y actúa como acusador privado el abogado Axel Aurich, en representación de la madre de la víctima, Estela Elena Casado.
La acusación es por homicidio criminis causae, es decir, el crimen que se comete para consumar otro delito o para que el autor consiga su impunidad. Como se sabe, en caso de probarse los hechos, la única pena posible es la prisión perpetua.
A cargo de la asistencia técnica de Cejas está el defensor oficial Edelsio Luis Villarroel.

El hecho ocurrió entre la noche del sábado 11 de mayo y la madrugada del domingo 12 de mayo de 2024. Según la instrucción, Giménez Casado y Cejas habrían acordado tener un encuentro en la vivienda del primero, en La Rioja 171, y consumieron algunas bebidas, entre ellas, una cerveza que adquirió el dueño de casa.
De acuerdo con la autopsia y al relato de los hechos a cargo del fiscal de Alta Gracia Alejandro Peralta Ottonello, Cejas envolvió con una remera el cuello de Giménez Casado, desde atrás, y lo ahorcó hasta provocarle "asfixia mecánica", causa eficiente de la muerte.
Luego, se produjo la segunda parte del evento delictivo, que describe los elementos sustraídos, presumiblemente por el acusado Cejas. Así, este se habría llevado un televisor de 43", una cámara de seguridad, una notebook, el celular de la víctima, dos garrafas, una tarjeta de débito de Bancor, una tarjeta de Mercado Pago y otra de Ualá (las tres a nombre de Giménez Casado), el DNI de la víctima, una tarjeta verde de una moto Corven Triax 150, un juego de llaves de la cabaña, un automóvil Fiat Siena (de la madre de la víctima), una motoguadaña y un taladro.
Uno de los testigos de esta primera audiencia, un comisionado policial, declaró que varios de esos elementos fueron hallados en uno de los allanamientos practicados en la vivienda de una expareja de Cejas.
Testimonios contundentes
No le hizo falta más que cuatro testigos a la fiscal Gorgas para repasar con contundencia las pruebas que comprometen con solidez a Cejas en la comisión de un homicidio consumado para cometer el robo o para garantizar su impunidad.
En primer término, declaró un amigo de la víctima, Luis Alejandro Toledo, quien fue uno de los últimos en verlo con vida, ya que estuvo esa tarde con él. Declaró que Pablo había quedado con "alguien" para verse más tarde y lo describió como "un chongo".

El sargento Juan Andrés Monjes, comisionado en la causa, fue uno de los primeros en ingresar a la vivienda luego de que un amigo ese domingo quisiera contactarlo y, como no respondía, fue a su cabaña y, a través de una ventana, lo vio en el piso.
El policía realizó un pormenorizado estudio de las antenas telefónicas que detectaron los aparatos celulares de la víctima y del acusado en la misma localización a la hora del hecho. Luego, ambos aparatos se apagaron y se encendieron a la misma hora (a la madrugada) y en el mismo lugar: en la ciudad de Córdoba.
Entre otra prueba relevada por la investigación policial y de Policía Científica, Monjes repasó que se hallaron dos huellas dactilares de Cejas en la botella de cerveza. De igual modo, también describió el resultado de la autopsia que indicaba que en el cuerpo de Giménez Pastor se halló material genético perteneciente a fluidos del acusado. Este testigo fue quien relató el hallazgo de los elementos robados en el allanamiento a una casa relacionada con Cejas.
En tercer término declaró un conocido de la víctima, Jonás Herrera, quien relató que había recibido, la misma madrugada del crimen, un llamado de Cejas en el que le ofrecía un Fiat Siena –como el de la víctima– para comprarlo y desguazarlo.

A su turno, el sargento Monjes había comentado que en el intercambio de mensajes telefónicos se ofrecía el Siena en una fotografía con otros dos vehículos de fondo en un patio. Luego, en un allanamiento, comprobaron en ese patio que era el de la expareja de Cejas y que esos dos vehículos "de fondo" también estaban allí: un Torino y un auto celeste no identificado.
El último en prestar testimonio fue el comisionado policial Gustavo Lucero –de Alta Gracia–, quien transcribió conversaciones telefónicas de los chats del acusado con la mamá de su hijo. Allí le manifestaba una precaución que había tenido para no dejar rastros en la casa de Giménez Casado: "Yo tenía guantes puestos y toqué la copa, pero me la llevé". No tuvo la suficiente sagacidad, porque las huellas digitales de él aparecieron en la botella de cerveza.

