Crimen en El Tropezón: morir al margen del Nudo Vial
El caso de Gabriela Michael. Chicos y un poco más grandes para quienes la vida vale una moto. O nada. Cuando la vida vale una moto
El caso no deja de impactar: un adolescente de sólo 16 años, en medio de la calle y con un grueso parante de madera que sostenía con ambas manos, aguardando que apareciera alguien en moto para descargar toda la furia en su rostro y así poder robarle.
Esta vez, le tocó a la joven policía Gabriela Michael (31), que regresaba en dos ruedas a su casa de barrio Quebrada de las Rosas, en la ciudad de Córdoba, luego de una larga jornada de vigilancia en la vía pública de Villa Carlos Paz.
Un turno que había terminado a las 4 de la madrugada del jueves.
Pese a que podía ir en ómnibus gratis, eligió regresar en moto. Para no tener que caminar luego sola y en medio de la oscuridad las cuadras que separaban su casa de la parada urbana.
Porque la inseguridad de todos los días no distingue de uniformes.
DETENIDOS. Cuando la vida vale una moto
Por eso, volvía en moto. Para intentar esquivar un delito que de todos modos la alcanzó.
A Gabriela no la mataron por ser policía. La mataron por ser vulnerable. Como tantas mujeres solas de noche en una ciudad que parece resignada a la inseguridad.
El golpe mortal fue brutal, en todo sentido. Por lo violento, por lo salvaje, por todo lo que connota.
Cuando Gabriela cayó al pavimento, quedó moribunda. Lejos de amilanarse, tres ladrones adolescentes la rodearon y le sacaron lo poco que llevaba encima: su arma y un bolso. También el rodado, el objetivo del ataque.
Otros tres muchachos ayudarían luego a esconder todo. ¿Cuánto de lo que le sacaron les iba a servir realmente a los precoces delincuentes?
Más que lo material, todo se reduce a un simbolismo atroz: hacer que algo suceda, antes de que no pase nade.
Seis jóvenes, tres de ellos menores de edad, ya están detenidos e involucrados en el asesinato, según investiga la Justicia. Seis biografías breves que hace tiempo están surcadas por el delito.
Jóvenes que ya han pasado por el interior de Complejo Esperanza, el centro para adolescentes menores de 18 años en conflicto con la ley penal. Porque esta no es la primera vez que el sistema está encima de ellos. Y que los devuelve a la sociedad.
Hijos de la calle, de la intemperie, que han crecido en villa El Tropezón y alrededores, en los márgenes de una avenida que hoy muestra un nudo vial con pretensiones de Primer Mundo.
Ellos son el contexto de una sociedad que está porfiada en buscar a los malos, y no los males, en esta lucha cada vez más extensa y cuesta arriba contra la inseguridad.
ESPECIAL. Todo sobre la muerte de Gabriela Michael
¿Qué le ha pasado a esta Córdoba que es capaz de criar adolescentes como estos que ya no tienen empatía por el otro?
El veloz acceso a las drogas es sólo una parte de la explicación.
Pero existe un antes al consumo, un vacío que se llena con evasivas.
Hoy son estos seis. Antes fueron otros. Y mañana serán varios. Chicos y un poco más grandes para quienes la vida vale una moto.
O, lo que es lo mismo, nada.
Y que por eso están dispuestos a matar o morir en una calle cada vez más salvaje, más brutal, más sintomática de una involución social de años, por más nudos viales de Primer Mundo con los que se los pretenda tapar.

