Temas del día:
Compartir
Sucesos

Córdoba: obediencia debida, la coartada policial para encubrir a un violador serial

El cabo Lucas Gómez, preso a su vez por haber matado a Blas Correas, negó haber ayudado a un depravado y responsabilizó a su superior. El juicio contra los uniformados prosigue en la Cámara 8ª del Crimen. Uno de los agentes ya confesó todo.

22 de diciembre de 2021, 00:01
Córdoba: obediencia debida, la coartada policial para encubrir a un violador serial
El policía que mató a Blas. Con barbijo puesto, el cabo Lucas Adrián Gómez dialoga con su abogado Gastón Schönfeld, en un cuarto intermedio del juicio que se desarrolla en la Cámara 8ª del Crimen de Córdoba. (Ramiro Pereyra)

Se llama Lucas Damián Gómez, en enero cumplirá 37 años, solía vivir en La Calera y es cabo primero de la Policía de Córdoba. Estudió nueve meses en la Escuela de Suboficiales Manuel Belgrano para que le dieran un arma reglamentaria.

Hoy, está preso en la cárcel de Bouwer, en el pabellón de los uniformados. Gómez es el policía que, en la madrugada del 6 de agosto de 2020, mató de un balazo por la espalda a un pibe que, junto con unos amigos, volvía en auto de comer pizzas.

Sucedió en barrio Colinas de Vélez Sársfield, en la ciudad de Córdoba.

El pibe se llamaba Valentino Blas Correas, tenía 17 años, novia y familia. Otros policías lo quisieron hacer pasar como delincuente. Llegaron incluso a plantarle un arma.

El cabo Lucas Gómez supuestamente nunca debería haber estado trabajando aquella madrugada. Mucho menos debería haber tenido un arma en su poder.

Sobre sus espaldas tenía una tenebrosa y grave causa judicial irresuelta: el supuesto encubrimiento a un violador serial de La Calera.

Gómez llegó a estar en situación pasiva y tenía que ser juzgado por ese encubrimiento. El juicio nunca se hizo.

Bastó que Blas fuera asesinado y que el “antecedente” del policía saliera a la luz para que alguien se acordara y ordenara hacer el juicio.

Desde hace un par de días, el cabo Gómez es juzgado finalmente, junto con otros tres camaradas de la misma Policía de Córdoba, en la Cámara 8ª del Crimen.

Lo juzgan por encubrimiento al violador serial Leandro Castañares, quien a todo esto, tiempo atrás, ya había sido condenado a 15 años de cárcel.

El cabo Gómez, el autor del crimen de Blas, entrando al juicio por supuesto encubrimiento a un violador serial. (Ramiro Pereyra)
El cabo Gómez, el autor del crimen de Blas, entrando al juicio por supuesto encubrimiento a un violador serial. (Ramiro Pereyra) (La Voz)

¿De qué se los acusa?

Encubrimiento agravado es la imputación penal.

¿Qué significa esa acusación? ¿Acaso los policías violaron junto con él? ¿Acaso ellos eran abusadores?

No. De acuerdo con la causa, los cuatro policías habrían hecho todo lo posible para que una víctima no denunciara el ataque que acababa de sufrir en una casa.

De esa manera, según el expediente, los policías habrían ayudado a Castañares (cuando aún no había sido descubierto) para que tuviera impunidad.

¿Por qué? Porque Castañares conocía a varios de esos policías, jugaban al fútbol, eran del pueblo, los veía en los asados, en el bar... Porque era concuñado de uno de ellos.

A los besos con un violador

Según la acusación, en la madrugada del 18 de diciembre de 2016, una joven había llegado bajo engaño a la casa de Castañares en La Calera.

El depravado quiso abusar de ella.

Depravado. El violador serial Leandro Castañares.
Depravado. El violador serial Leandro Castañares. (La Voz / Archivo)

La mujer alcanzó a escapar hacia la calle. Semidesnuda, empezó a pedir ayuda a los gritos.

Alguien llamó a la Policía. El patrullero nunca llegó.

Alguien entonces acudió a la comisaría para pedir móviles.

Así fue como dos patrulleros llegaron al lugar, un buen rato después.

Uno de los móviles era manejado por el cabo Gómez. Su jefe de coche era el oficial Gabriel Miranda Ércoli.

El otro patrullero era ocupado por el oficial Diego Busto.

Según testigos, apenas llegó, Busto saludó, a quien era señalado como el violador, con un beso en la mejilla y con un fuerte abrazo. “¿Qué hacés, Leo?”, le habría dicho.

De acuerdo con la acusación, en todo momento, los policías “protegieron” al violador, intentaron convencer a la joven para que no hiciera la denuncia, pusieron trabas, le dijeron que era un buen muchacho, que todo era un malentendido, entre otras cosas...

Ya en la Unidad Judicial de La Calera, la víctima se dio con otro policía que hacía todo lo posible, según la causa, para no tomarle la denuncia.

Ese policía habría sido Daniel Vigil.

Obediencia debida

Los cuatro uniformados responden ahora ante la Cámara 8ª.

Ya quedan tres en realidad.

El policía Busto admitió todo, confesó los delitos y, con su defensor, llegó a un acuerdo de juicio abreviado con la fiscalía. Le darán tres años de cárcel de ejecución condicional.

Será exonerado en poco tiempo.

Los otros tres policías dan pelea en el estrado. Mientras los testigos desfilan y los comprometen, los uniformados niegan cargos y ensayan excusas ante el juez.

El policía Lucas Gómez –el mismo que ultimó a Blas Correas– se defiende a capa y espada en la sala.

Como imputado, declaró que si la víctima denunciante no fue atendida con celeridad o no se detuvo a Castañares esa madrugada, fue porque recibió órdenes de su superior. Hablaba del oficial Miranda Ércoli.

El policía Miranda Ércoli, en el banquillo. (Ramiro Pereyra)
El policía Miranda Ércoli, en el banquillo. (Ramiro Pereyra) (La Voz)

Gómez negó haber tenido diálogo o trato con la víctima. En todo momento, dijo y remarcó que cumplió las órdenes del jefe de coche.

Negó haber ayudado o encubierto a quien terminó siendo el violador.

Miranda Ércoli, a todo esto, reconoció que le dio instrucciones al cabo Gómez esa madrugada. De todos modos, se dijo inocente.

A todo esto, vale agregar que, después de aquel episodio, el violador volvió a atacar y hasta escapó de Córdoba. Fue detenido meses después en Buenos Aires.

El policía Vigil, otro de los acusados en el juicio. (Ramiro Pereyra)
El policía Vigil, otro de los acusados en el juicio. (Ramiro Pereyra) (La Voz)

El juicio entra en su etapa decisiva. Este miércoles, declarará como testigo la joven que escapó de la casa y a quien los policías no asistieron.

En principio, los alegatos serían el jueves. No está confirmado.

El fiscal Hugo Almirón está analizando las pruebas. Si bien la acusación parece simple, tiene que resolver la excusa de Gómez: aquello de la obediencia debida.