El Tribunal Oral Federal N° 3 de Córdoba capital condenó a Marcos Luis Scazzola (48) por intermediación financiera no autorizada y lavado de activos mediante una “cueva” que montó en la ciudad de Bell Ville, en el sureste de la provincia, y con la que obtuvo ganancias que blanqueó mediante la compra de vehículos.
A través de un fallo unipersonal, el juez José Quiroga Uriburu lo condenó en un juicio abreviado a tres años de prisión en suspenso, el pago de una multa de 15 millones de pesos en cuotas y tareas comunitarias durante seis meses.
El delincuente, sin embargo, fue absuelto del delito más grave, asociación ilícita en calidad de jefe/organizador por falta de acusación del fiscal auxiliar Augusto Richter. Su esposa, Patricia Beatriz Burki (imputada como miembro de la asociación ilícita e intermediación ilegal) y la empleada de Scazzola, Sandra Liliana Meringer (como integrante de asociación ilícita) fueron absueltas por falta de acusación. Burki, a su vez, fue absuelta de lavado menor, por prescripción.
En otro abreviado, quien actuó como prestanombre de los bienes adquiridos por Scazzola, José Luis Sánchez, fue beneficiado con un año de la suspensión de juicio a prueba (probation) por lavado y deberá realizar tareas comunitarias.
La “cueva” de Scazzola
La causa nació a partir de una denuncia anónima a finales de 2019 que puso un manto de sospecha sobre Scazzola y su entorno. El “empresario” reconvirtió el viejo estudio contable de su madre en Bell Ville como un “estudio contable e impositivo” que, de manera suspicaz, carecía de cartelería visible.
El entonces fiscal José María Uriarte advirtió, a través de escuchas, que Scazzola encabezó diversas acciones relacionadas con descuento de cheques y préstamos de dinero sin autorización legal.
Luego de cuatro años de investigaciones, la nueva fiscal María Virginia Miguel Carmona imputó a Scazzola, Burki, Meringer y Sánchez. Así, mediante el juicio abreviado, Scazzola admitió haber delinquido entre 2019 y 2023.
Desde el “estudio contable”/“cueva”/casa particular, Scazzola lideró los negocios ilegales gracias a una amplia cartera de “clientes”. Fue captado mediante escuchas en las que aludió a operaciones con millones de pesos, cheques y dólares. “Pablo P. me tiene que dar $1 millón en cheques”, dijo en un llamado.
“Imaginá que $ 3 millones no me entran en la caja de seguridad. A los dólares los vendo lo que vale el blue y los vendo con cheque también. Recibo cheques corrientes o a una semana. Por lo general, me junto en la mutual Sudecor”, afirma otra frase.
Allí atesoraba volúmenes de dinero –entre ellos, dólares, pero también pagarés en la misma divisa– en una caja de seguridad que había abierto su esposa y a la que Scazzola tenía libre acceso.
Los investigadores secuestraron al “cuevero” un cuaderno “contable” en el que, de puño y letra, llevaba la “contabilidad” de los préstamos y montos adeudados de los tomadores de créditos, lo que corroboró las sospechas de sus maniobras.
“Se encuentra acreditado que Scazzola realizaba habitualmente maniobras de descuento de cheques, recepción de dinero, compraventa de divisas extranjeras, para luego otorgar préstamos de dinero, por el pago de un interés; sin contar con la autorización. Todas estas actividades muestran los recaudos y la logística de las operaciones financieras realizadas por Scazzola”, sostuvo el juez Quiroga Uriburu.
Autos y propiedades
El “cuevero” lavó los fondos a través de la compra de vehículos y propiedades legales mediante prestanombres “a fin de ocultar y encubrir el origen ilícito del injustificado incremento patrimonial del grupo familiar”.
A pesar de que era monotributista ante la Afip en el rubro “Servicios inmobiliarios por cuenta propia”, la fiscal advirtió un incremento patrimonial “más que considerable” no justificado ante el fisco.
Scazzola refirió que su principal fuente de ingresos era el alquiler de un campo destinado al cultivo de cereales. Mencionó que tenía dinero guardado del que no podía disponer por temor a que el fisco lo recategorizara como responsable inscripto porque estaba “pasado en Afip”.
“A los fines de disimular la evolución patrimonial, está comprobado que Scazzola utilizaba a su esposa, Burki, a sus hijos o a Sánchez, para que figuren como titulares registrales de bienes de alto valor económico”, advirtió el juez en el fallo. Así, aparecieron en escena una Volkswagen Nivus, un Vento, una moto de agua, una Yamaha Super Ténére y una KTM Adventure 360.
El Nivus fue puesto a nombre de su esposa, quien solo era monotributista desde 2021 en el rubro “Explotación de Instalaciones Deportivas”, lo que disparó las alarmas porque los investigadores no se explicaban cómo la mujer pudo adquirir un auto millonario en el mismo momento en que comenzó con su única actividad económica declarada. Eso mostró, sostuvo el juez, que el “verdadero dueño” era Scazzola.
Si bien el auxiliar fiscal Richter sostuvo que a Burki le correspondía lavado menor por el Nivus (y, por lo tanto, solo una multa), la acción en realidad ya había prescripto, por lo que solicitó su absolución. Respecto a la acusación por asociación ilícita e intermediación, aclaró que no existía prueba en contra de la mujer, por lo que también pidió la absolución, concedida en ambos casos.
El representante del Ministerio Público indicó que, al haber solicitado la absolución de Burki, esto implicaba la falta de uno de los elementos objetivos constitutivos del tipo penal (mínimo de tres sujetos activos para la conformación de la asociación ilícita), por lo que pidió también la absolución de Meringer y Scazzola.
El rol de Sánchez
El papel que jugó Sánchez en la trama quedó demostrado ya que actuó como prestanombre de Scazzola, al poner a su nombre la Yamaha Ténéré del “cuervero”.
Los investigadores arribaron rápidamente a esa conclusión porque el simple mecánico de motos no podía justificar la compra de la costosa moto (luego, fue transferida a la hija de Scazzola) debido a que no estaba registrado en el fisco ni contaba con ingresos, liquidaciones, prestaciones, planes sociales, obra social, pensión ni declaraciones juradas.
El lavador también compró una Dodge RAM y puso a nombre de sus hijos diversos bienes (dos cuatriciclos y la KTM Adventure) que no tenían trabajo ni registraban ingresos comprobables.

