
Córdoba: comienza el juicio a banda acusada de robar en countries usando “tecnología de punta”
Por
Redacción La Voz
Llegó a su fin el juicio a los integrantes de la banda que asaltaba countries del Gran Córdoba utilizando tecnología de punta con el apoyo logístico de un subcomisario de la Policía de la Provincia.
Mientras estaban acordadas en juicio abreviado para los seis ladrones penas de ejecución efectiva, quedaba por definir qué sucedería con el subcomisario Maximiliano David Merlo, quien terminó con una sentencia de dos años de prisión en suspenso, pero además con una inhabilitación especial de cuatro años. En su caso, la condena fue por "violación de secretos".
El juicio celebró su última audiencia este jueves, con la deliberación del jurado popular que debía resolver la situación del policía. En horas de la siesta, se resolvió adherir prácticamente a pleno a lo que había solicitado el fiscal de cámara Marcelo Saragusti, incluida la condena para el uniformado más un pedido de investigación por otros posibles delitos.

Otra novedad del veredicto es que se hizo lugar al pedido de reparación de los querellantes constituidos en el juicio, Carlos Cardeilhac y Romina Dalianis.
El tribunal técnico estuvo constituido por los vocales Luis Nassiz (presidente), María Antonia de la Rúa y Enrique Berger.
Los fundamentos de la sentencia se conocerán el próximo 8 de abril y allí se espera que se especifique lo que sucederá con los bienes incautados, en especial los vehículos de alta gama que pueden ser destinados a reparar a las víctimas.
En total, la instrucción de la fiscal de Villa Carlos Paz Silvana Páez habla de 27 robos en domicilios en los barrios cerrados Las Cañitas, Tejas 4 y Causana, en Malagueño; Bela Vista y Villa Catalina, en Río Ceballos, y Cuatro Hojas, en Mendiolaza.
Lo curioso del accionar es que el grupo se manejaba especialmente bajo las órdenes de Valeria Britos, que se quedaba fuera de los barrios cerrados durante los golpes.

Pero lo más llamativo era que para ingresar los countries utilizaban tarjetas de propietarios clonadas. Para robar los originales se valían de inhibidores de alarmas de autos y luego clonaban los plásticos con un dispositivo especial.
Los montos de las sentencias condenatorias fueron casi lo mismo que pidió el fiscal Saragusti, en acuerdo con los defensores que abreviaron el debate.
Los hermanos Valeria Britos y Ramiro Britos, condenados como jefes de asociación ilícita y robo calificado por ser cometido en poblado y en banda (y varios otros delitos similares), recibieron pena de siete años de prisión y siete años y dos meses, respectivamente.
Como miembros de asociación ilícita, robo calificado (en poblado y en banda) y violación de domicilio, fueron condenados Ángel Rodrigo Benavídez y Marcos Escudero (cinco años y 10 meses de prisión); Fernando Britos (seis años y un mes), y Alan Sariago (seis años y tres meses). A este último se le revocó una libertad condicional por una condena en Buenos Aires y se le unificó la condena en una pena única de 7 años y cinco meses de prisión.
El subcomisario Merlo defendió su inocencia en su última palabra. El tribunal rechazó el pedido de nulidad de su abogado Jorge Sánchez del Bianco. En cambio, además de condenarlo a dos años de prisión en suspenso con costas y cuatro de inhabilitación especial, por "violación de secretos", envió sus antecedentes para que investiguen si cometió otros delitos.

Respecto de esto último se debe investigar si no incurrió al menos en encubrimiento de los integrantes de la banda, si conocía sus movimientos y les ofrecía información. Mientras lo investiguen, el subcomisario Merlo deberá cumplir una serie de normas de conducta que se les imponen a quienes transitan una pena de ejecución condicional.
Lo curioso del accionar de esta banda era que utilizaban dos elementos de tecnología de punta. Primero, seguían a algún vecino de un country que salía con su vehículo. Cuando este estacionaba y bajaba, le inhibían la alarma del automóvil e ingresaban al habitáculo.
Una vez dentro del coche, no tenían más que buscar la tarjeta magnética que permite el acceso por la guardia y la clonaban con un dispositivo especial. Fabricando otra tarjeta (gemela), no tenían más que llegar a la guardia del country, abrir la barrera como cualquier dueño y pasar, sin restricciones.

Normalmente, los ingresos de algunos de los integrantes de la banda se producían en horarios nocturnos "pico", de mucho movimiento, entre las 20.30 y las 22, para no despertar sospechas. Una vez adentro, sólo tenían que elegir entre las casas que advertían que estaban sin ocupantes.
Fuera del country, en otro vehículo, la jefa Valeria Britos dirigía al grupo a través de grupos de comunicación abiertos, vía teléfono celular. Ella vigilaba que no ocurriera nada raro afuera y en el ingreso, tratando de eliminar posibilidades de que alguien llegara para detenerlos. Una tarea de "campana" de lo más refinada.