Femicidio de Agostina. "Barrelier ejercía violencia a diestra y siniestra”: apuntes de los investigadores
El femicidio de Agostina Vega dejó expuesta una densa trama de violencia en la que habría un único protagonista: el principal acusado. Los investigadores y fuentes reservadas trazaron un perfil y lo signaron de violento.
Claudio Barrelier (34) está preso y acusado de haber engañado y encerrado en su vivienda de Juan del Campillo al 800 a Agostina Madeleine Vega (14), la adolescente a quien para la Justicia habría sometido sexualmente, asesinado y desmembrado en la madrugada del 24 de mayo.
“Era un violento a la vista de todos”, dicen ahora quienes lo conocieron.
“Era un varón que ejercía violencia contra toda mujer que se le cruzara, a diestra y siniestra”, completan.
La Voz accedió a tres fuentes reservadas que perfilaron a un hombre “agresivo con las mujeres” pero “compasivo con los hombres”.
“Le pagaba la cocaína a todos los amigos”.
Hacen silencio. Piensan. Recuerdan. Son tres vecinos del principal acusado. Dicen conocerlo. Dicen haber jugado al fútbol con él. Piden estricto secreto de su identidad: “Le tengo miedo”, aclara uno de ellos.
“Con las mujeres y con las personas que no conocía solía hacerse el ‘machito’”, prosigue.
Y ante la repregunta sobre por qué lo describen de esa manera, uno de los testigos no duda: “Era patotero”.
“Vivía rodeado de dos o tres. Compraba a sus amistades. Los llevaba a jugar al fútbol. Pero era un vecino como todos los demás: iba a hacer las compras, se mostraba común y corriente. Se sentaba en la vereda. Iba a trabajar. Trabajaba en la municipalidad. Volvía”, describen.
“Parecía un varón más de barrio Cofico”, remata el tercero.

La pintura coincide con el perfil que trazaron sobre él los investigadores de la causa: “Era un tipo que mantenía en calidad de servidumbre a su esposa y a su hija. A Melisa, la mamá de Agostina, le hacía escenas de celos todos los días. Con sus amantes pasaba lo mismo. Era un hombre celoso”, comentan.
“Pero con los hombres era un buen amigo”, completan.
Hoy está imputado por el presunto abuso sexual contra Agostina y homicidio triplemente calificado por alevosía, criminis causa y violencia de género (femicidio).
El fiscal de la causa, Raúl Garzón, dictó la prisión preventiva en su contra.
El viernes pasado fue trasladado desde la cárcel de Bouwer al penal de Cruz del Eje porque otros internos habían asegurado que “ese hombre caería en las garras del penal”, según explicaron fuentes del caso.
Sucedió lo mismo con uno de los imputados secundarios y amigo de Barrelier, Osvaldo Fassetta, quien está acusado de encubrimiento agravado por mediar violencia de género. Ahora ambos están en la penitenciaría del noroeste provincial, aislados y fuertemente custodiados.
Hay otras dos imputadas. Soledad Andreani era amiga del principal acusado y Marianela Palmero su pareja y conviviente.
Están señaladas por Garzón como supuestas encubridoras. Ambas fueron indagadas y negaron su responsabilidad en los hechos. Para la primera fue dictaminada la prisión preventiva y se espera que con la segunda suceda igual.
En tanto, Melisa Heredia, la mamá de Agostina, fue aceptada como querellante en la causa a expensas de su abogado, Carlos Nayi.
Pidió que se investigue a todos los involucrados. En un diálogo exclusivo con este medio dijo: “Tenía un abogado protector y a su mamá, que seguramente supo todo el daño que le causaron a mi hija. Tienen que pagar todos”.
Barrelier: ¿Un hombre violento en la casa y en la cancha?
Los pesquisas pudieron reconstruir el aparente calvario diario que habrían padecido las mujeres del entorno de Barrelier.
¿Nadie se daba cuenta? ¿Nadie lo vio antes? ¿Nadie quiso hablar? Se preguntan ahora.
En el ámbito doméstico, el acusado impuso un régimen de control absoluto, según detallan los investigadores. “Su pareja y su hija vivieron bajo un acoso psicológico perenne”, aseguran.
Y comentan que Barrelier ejerció “celos enfermizos” que se tradujeron en “prohibiciones cotidianas, encierros velados y descalificaciones constantes”.
Fuentes vinculadas a la causa afirmaron que ni su pareja ni su hija de 11 años poseían autonomía para salir a la calle o entablar conversaciones sin su consentimiento previo. “Eran víctimas de Barrelier”, dicen.
Esta conducta agresiva no se habría limitado al hogar familiar.

“En las canchas de fútbol del barrio desplegó idéntico temperamento hostil. Solía buscar conflictos físicos y verbales. Pero mayormente invitaba a otras mujeres a quienes hacía escenas de celos”, dicen sus conocidos.
Su grupo de allegados aparentemente lo respaldaba en la cancha. “Amedrentaban a los rivales de turno, pero sobre todo cuando había mujeres. Buscaba mostrar supremacía”, dicen.
Los pesquisas dicen que el imputado “consideró a las mujeres como objetos de su propiedad exclusiva”.
“En las habitaciones de Juan del Campillo las dinámicas de sumisión resultaron extremas; allí el silencio y el miedo dominaron cada rincón, mientras el agresor consolidó un poder despótico que finalmente desembocó en la tragedia. Pero todos los días Barrelier era el amo y señor, violento, de ese lugar”, reconstruyen.
Los inquilinos de Barrelier
La propiedad ubicada en la calle Juan del Campillo al 800 figura como una aparente herencia familiar de su pareja, Marianela Palmero.
Sin embargo, en la práctica, el control total del inmueble lo ejerció el principal acusado.
Claudio Barrelier administró cada habitación a su estricto antojo y discreción. El domicilio se convirtió en un centro de reuniones y “refugio” de sus allegados.
Vecinos del sector, bajo estricto pedido de reserva por temor a represalias, señalaron que el movimiento de desconocidos a altas horas de la madrugada fue constante durante los últimos meses.
“Llegaban autos. Entraban, salían. No eran de poner música alta. Cuando había algún partido de fútbol importante se sentaban en la vereda”, comentaron.
El acusado otorgó asilo y cobijo a diversos individuos. “Lo hacía a cambio de lealtad implícita y favores personales”, cuentan quienes dicen conocerlo.

También prestó las dependencias de la casa para “pernoctaciones breves” y algunas fiestas. “Cuando sí se escuchaba música era porque había una joda. Ahí sí abundaron los excesos”, plantean residentes del sector.
El relato de los testigos describió el lugar de manera categórica: “Aquello funcionó por momentos como un auténtico aguantadero”.
“A Palmero, que era la legítima heredera del inmueble, no le quedó otra que tolerar que su vivienda se transformase en un espacio sin ley. Se cumplían los caprichos y las necesidades de Barrelier”, dicen.
La economía de Barrelier
Los ingresos formales de Barrelier provinieron de una beca otorgada por la Municipalidad de Córdoba, por la cual habría percibido una suma de 500 mil pesos mensuales.
Además cobraba regularmente la Asignación Universal por Hijo por su hija de 11.
Este dinero resultó insuficiente para el ritmo de gastos que exhibió ante sus conocidos.
Además, por aparentes razones de celos y un presunto afán de control, había prohibió que su pareja realizara cualquier actividad laboral externa.
Esta situación privó al hogar de otros ingresos legítimos. A la vez, acentuó la dependencia económica de la mujer.
Frente a este escenario, la incógnita principal de los pesquisas se centra en el origen de los fondos que manejó el imputado.
“Desembolsaba abultadas sumas de dinero con el único fin de proveer cocaína a sus amistades”, dicen.
Diversas voces coincidieron en que Barrelier accedía a ingresos extra. No saben cuál era su raíz. Hay quienes lo acusan de participar en maniobras ilícitas ejecutadas junto a otros empleados y becarios de la Escuela de Tránsito de la Municipalidad.
Este medio consultó si Barrelier está investigado en una causa que persigue a dos presuntos trabajadores municipales acusados de aparente extorsión sistemática a contribuyentes, a quienes habrían exigido sumas de dinero a cambio de la entrega de licencias de conducir sin los requisitos legales.
La fiscal de la causa, Paula Bruera, ya dictó prisión preventiva para los sospechosos. Fuentes de esta investigación explicaron que el nombre Barrelier aparece en escuchas telefónicas. Sin embargo, la Justicia no cuenta con elementos para suponer que él hacía la misma maniobra.
Su solvencia, de momento, es materia de investigación.

