Córdoba. Acusan a dos universitarios de disparar balinazos desde un edificio y herir a dos peatones en la plaza España
Las víctimas resultaron con lesiones en la mandíbula y en la espalda. Los presuntos agresores fueron imputados por lesiones leves. La Justicia define si continúan presos. Sucedió madrugadas atrás en barrio Nueva Córdoba.
Milagros (23) padece un fuerte dolor en su rostro: tiene un balín alojado detrás de su mandíbula, en la parte alta del cuello. Todo sucedió el pasado viernes a la madrugada, cuando presuntamente dos jóvenes estudiantes universitarios le dispararon balinazos desde un edificio de Nueva Córdoba, en la ciudad de Córdoba.
El departamento desde donde presuntamente se habrían producido los disparos está ubicado en el 4° piso del boulevard Chacabuco al 1000. Allí reside un estudiante de arquitectura identificado por la Justicia como Franco Agustín Alessio (27).
Hasta ese punto de la Capital habría llegado otro estudiante, de la carrera de abogacía, identificado por fuentes de la investigación como Ramiro Montes (27). Según explicaron los pesquisas, ambos habrían permanecido en ese departamento durante algunas horas.
Desde allí habrían realizado varios disparos con un rifle de aire comprimido, hasta que la Policía recibió una advertencia e intervino. Minutos más tarde, fueron detenidos en el domicilio. Las autoridades policiales secuestraron una carabina de aire comprimido.

“Se los imputó por lesiones leves, pero no se descarta que la figura penal pueda agravarse”, explicaron fuentes de la investigación.
En las próximas horas, se definirá si continúan presos o si recuperan la libertad.
Por ahora no se conoce las posiciones defensivas de los acusados.
En la zona se impuso la preocupación. “Mi hija se salvó, pero podría haber perdido un ojo o ser herida de mayor gravedad”, dijo la mamá de Milagros.
Disparos de aire comprimido
Cuando el pasado viernes 17 de abril el reloj marcó la 1 de la madrugada, Milagros estaba sentada con su novio en plaza España. Habían salido de un restaurante ubicado en las inmediaciones y se disponían a regresar a sus domicilios: ella es estudiante y moza en un bar. Necesitaba volver a descansar.
Antes de colocarse el casco y subir a la moto de su pareja, la chica sintió un golpe en el cuello.

“Fue un impacto mucho más fuerte que un tincazo. Me toqué la zona y estaba llena de sangre. Caminamos hacia el bar donde trabajo, a unas cuadras del lugar, para limpiarme. Me crucé a unos policías, pero me dijeron que no era nada, así que no fui al médico hasta el otro día, cuando la herida no paraba de doler”, contó en diálogo con La Voz.
Un relato parecido ofreció un repartidor de 29 años, identificado por las autoridades policiales como Orlando Vélez.
El delivery sintió un fuerte golpe en la espalda. Notó que su remera se había impregnado de sangre.
Se cruzó a un policía en la calle Estrada y le explicó que cuando circulaba por Plaza España sintió un golpe, como de un disparo. Tal era la herida, que los uniformados no pudieron distinguir si se trataba, o no, de un impacto de bala de fuego.
Fue por ello que de inmediato se montó un operativo policial. Alrededor de las 2 de la madrugada del mismo viernes, la Policía logró reunir varios testimonios, según detallaron fuentes investigativas.
“Testigos ocasionales del hecho divisaron el cañón de un rifle asomando desde un balcón”, comentaron sobre la pista clave que les permitió avanzar en el caso.
Dos detenidos por los balinazos en Nueva Córdoba
Al llegar al 4º piso del departamento ubicado en bulevar Chacabuco al 1000, los estudiantes universitarios abrieron la puerta.
Al comienzo —según la información oficial— negaron su responsabilidad en el hecho.
Sin embargo, había indicios firmes para establecer que los disparos provenían desde el balcón de este domicilio. La Policía insistió.

En ese momento los presuntos responsables se habrían "quebrado".
Ante la presencia policial, dijeron que se habrían encontrado en esa vivienda para beber unos tragos. Alrededor de la 1 de la madrugada, ambos habrían decidido —siempre según lo establecido por los investigadores— utilizar un rifle de aire comprimido, color negro, marca Fox.
El calibre del arma, según lo informado por fuentes oficiales, es de 5.5.
Según la reconstrucción que pudieron hacer los pesquisas, ambos estudiantes se habrían posicionado en el balcón, amparados por la oscuridad y la pared de 1.50 metro que separa la superficie del vacío.
Desde allí habrían apuntado hacia abajo.
“Dijeron que querían probar la potencia del rifle y apuntaron hacia un cartel, que de cualquier manera no recibió ningún impacto”, comentó una alta fuente investigativa.
Horas más tarde, ambos habían sido aprehendidos y los oficiales habían secuestrado el rifle de ese departamento. “Cuando se vieron descubiertos no opusieron mayor resistencia”, dijeron fuentes del caso.
Ahora la Justicia deberá establecer si mantiene la imputación de “lesiones leves” o si esa carátula se agrava.
Un balín en el cuello
Tras soportar el impacto del balín, Milagros asistió a su trabajo. “Es una chica comprometida con su carrera y con su labor, así que no quiso faltar. Pero el viernes por la mañana me llamó desde su trabajo para que la lleve al hospital”, relató Eugenia, madre de la víctima.
“No pensé que fuera algo tan grave, por lo que me dijeron los policías que crucé en la calle”, comentó la víctima.
En el hospital Misericordia fue atendida por el servicio de guardia. “Me dijeron que era grave, muy grave. Me indicaron mantener la herida tapada con una gaza y hacer dos curaciones diarias”, comentó la joven.
No obstante, en el centro hospitalario no le extrajeron el proyectil.
“Pedí que me sacaran el balín porque me duele, pero me explicaron que no había especialistas de cuello. Me enviaron a sacar un turno que recién podría obtener la próxima semana. Les pedí que me informen sobre otro lugar público para realizar la extracción, aunque me dijeron que no había otro”, sostuvo Milagros.
Lo cierto es que la joven no dejó de trabajar ni estudiar: lo hace a diario, con un proyectil en el cuello. Teme que la herida, y el perdigón allí alojado, le provoquen un mal mayor, pero no cuenta con recursos para afrontar una operación en el ámbito privado.
“Queremos que a estas personas no los suelten. Mi hija podría haber sufrido una herida de mayor gravedad. Esto no es una picardía, es un hecho inaceptable y no se puede dejar en libertad a dos agresores”, exclamó la madre de la joven.

