La paz se había acabado hacía tiempo para un cordón fabril ubicado en barrio Los Boulevares, zona norte de la ciudad de Córdoba: bajo el amparo de la madrugada, con el silencio de quien conoce los puntos ciegos, un grupo habría conformado una presunta banda para cometer robos a gran escala, conocida en Tribunales 2 como "los Asaltafábricas”.
Rompían las puertas. Entraban. Arrasaban con todo. Demoraban apenas unas decenas de minutos.
Luego huían y volvían a empezar por el galpón vecino, a pocos metros del lugar donde antes nadie los había podido atrapar.
Según la investigación, se trata de una organización criminal que se dedicaba a vaciar depósitos, galpones y locales comerciales de gran envergadura en la ciudad capital y localidades aledañas, como Unquillo.
Para el fiscal de la causa, Juan Pablo Klinger, la banda había sido armada para delinquir y sus integrantes cumplían funciones definidas y repartidas entre sí.
Según la pesquisa, la cabeza de la organización estaría integrada por figuras con frondosos antecedentes penales: Daniel “Were” Narváez, Ariel Fernando “Palo” Capdevila y Daniel Alfredo “Gordo” Bustos.
Junto a ellos, habría operado una red de colaboradores que incluía a: Ricardo Ledesma, Maximiliano “Gallego” Martínez, Nicolás “Rata” Pereyra, Gaspar Godoy y Mario Agustín Menseguez Noriega. Conformaban, según la causa, una estructura con roles perfectamente divididos.
Actualmente, la mayoría de estos integrantes se encuentran detenidos con prisión preventiva, imputados por los presuntos delitos de "asociación ilícita, robo calificado por escalamiento, efracción (porque rompían cerraduras y puertas), y robo en poblado y en banda".
Los inicios de la pesquisa
Todo comenzó a desmoronarse tras un golpe millonario a la empresa Cormedic S.A., ubicada en barrio Los Boulevares.
De allí, tras escalar un muro de dos metros y forzar ventanas, sustrajeron una caja con más de $49 millones, computadoras y celulares corporativos.
Fue precisamente la geolocalización de uno de esos teléfonos la que guió a la Policía hasta un domicilio en Barrio Argüello Lourdes, desatando una serie de ocho allanamientos simultáneos que pusieron al descubierto que Cormedic era solo un eslabón en una cadena de asaltos.
Klinger logró establecer que no se trataba de delincuentes ocasionales.
A través de peritajes realizados a dispositivos tecnológicos que habrían sido utilizados por la presunta banda, los comisionados accedieron a un gran cúmulo de pruebas que fueron incorporadas a la causa.
Entre los indicios más sustanciosos, pudieron ver cómo "marcaban" previamente sus objetivos.
También, habrían quedado expuesto, durante la investigación, diferentes maniobras de los presuntos delincuentes para señalar, en fotos de las inmediaciones de los galpones, los dispositivos de los cuales debían resguardarse, como domos o cámaras de seguridad.
La fiscalía determinó que la banda realizaba inteligencia previa: marcaba locales, analizaba domos policiales y daba indicaciones para desactivar llaves térmicas y así anular sistemas de alarma.
Los investigadores sostienen que eligieron las fábricas porque son “ladrones de especialidad”.
“Algunos delincuentes hacen escruches (robos en viviendas en ausencia de moradores), otros asaltan a los depósitos aprovechando su logística. Estos se habían perfeccionado en una mecánica muy particular y echaban mano a vehículos tipo Renault Trafic para cargar grandes volúmenes de mercadería, asegurándose de que el ‘laburo’, como ellos lo llamaban, fuera rentable”, explicaron.
Prisión preventiva: la caída de la mayor parte de la banda
La justicia no tuvo dudas sobre la peligrosidad procesal de la organización.
El 30 de diciembre de 2025 se dictó la primera prisión preventiva para la mayor parte de la banda. El fiscal Klinger argumentó que la libertad de los imputados representaba un riesgo, debido a la complejidad de la asociación ilícita que finalmente pudo revelar.
La medida de coerción se basó en el peligro de fuga, la gravedad de las penas (que en algunos casos podrían llegar a los 38 años de prisión) y la existencia de antecedentes penales en cabecillas como Bustos y Capdevila, quienes ya habían pasado por el Complejo Carcelario de Bouwer por delitos similares.
La sucesión de hechos
A posterior del dictamen de la prisión preventiva, la investigación permitió reconstruir una aparente cronología de atracos que operaban bajo el mismo sello.
Entre los hechos más destacados se encuentra el robo a un local de ropa en octubre de 2024, de donde se llevaron zapatillas importadas que luego intentaron vender por Facebook.
También se les atribuye un violento asalto en la localidad de Unquillo, donde Narváez habría atacado una vivienda. Luego habría escapado ante la presencia de la dueña de casa tras ser descubierto, según apuntaron los investigadores.
En su fuga, según fuentes de la investigación, habría extraviado una mochila con herramientas.
Otro golpe fue contra una distribuidora de bebidas, en barrio Liceo, donde se apoderaron de una máquina contadora de billetes tras desactivar las térmicas.
Por su parte, Menseguez Noriega habría participado en el asalto a un reconocido bar en barrio Alto Verde donde, junto a otros cómplices, habrían sustraído dos cajas fuertes pequeñas aprovechando información interna facilitada aparentemente por un ex empleado, siempre según la investigación judicial.
La importancia de la primera prisión preventiva radicó en que permitió "congelar" a los sospechosos mientras los peritajes tecnológicos unían los cabos sueltos de los demás hechos, según sostienen los pesquisas.
Los investigadores confirmaron que la banda rotaba integrantes pero mantenía a los cabecillas fijos, expandiéndose incluso a la familia: Brenda Anahí Herrera (pareja de Capdevila) y Fabián Luciano Capdevila (hermano) también fueron procesados por su potencial participación en robos a fábricas de baterías y carpinterías de aluminio.
Perfiles criminales y logística de alta gama
Un aspecto que llamó la atención de la fiscalía fue el nivel de profesionalismo y logística.
La banda no sólo utilizaba herramientas pesadas como barretas y "gatos" hidráulicos para expandir rejas, sino que operaba con una "disciplina casi industrial".
Según los investigadores, Capdevila y Herrera fueron captados por cámaras de seguridad de la empresa Red Moura días antes de un asalto.
Se habrían reunido, de acuerdo a los investigado, simplemente para cortar los cables del medidor y verificar si la alarma se activaba ante el corte de suministro.

En el asalto a una carpintería de barrio Alta Córdoba, los delincuentes habrían dejado una bandera de un club de fútbol colgada en la ventana para tapar el barrote que cortaron días antes para proceder con su propósito delictivo.

