Investigación en Córdoba. Los acusan de montar una banda especializada en desvalijar viviendas en la ciudad de Córdoba
Forzaban cerraduras y aberturas cuando las familias abandonaban los domicilios. Llegaron a obtener cifras millonarias. Para evadir a la Policía, escapaban en un Renault 9. El fiscal les dictó la prisión preventiva.
Una aceitada organización delictiva que había convertido la zona norte de la ciudad de Córdoba en su principal zona de caza sumó un capítulo trascendental en tribunales.
El fiscal de instrucción Juan Pablo Klinger dictó la prisión preventiva para tres acusados de integrar una banda que se habría dedicado a saquear viviendas bajo la modalidad de "escruche" en barrio Urca.

Aprovechando la ausencia temporal de los propietarios, Dylan Sergio “Pochi” Cornejo, Ricardo Alberto del Valle "Cara" Calderón e Ignacio Atelman, presuntamente se organizaban para seleccionar a sus víctimas, esperar a que salieran de casa, y desvalijarlas.
Los integrantes del trío permanecerán tras las rejas procesados por los delitos de asociación ilícita en calidad de miembros y robo doblemente calificado por efracción (rotura de puertas y aberturas), en poblado y en banda.
Según fuentes investigativas, la resolución judicial llegó tras recolectar un cúmulo de indicios que ratificarían la existencia de una estructura delictiva.
La aparente banda, según recrimina el fiscal, mostró permanencia en el tiempo y una clara división de roles. El objetivo principal consistía en apoderarse de objetos de gran valor para luego venderlos en el mercado ilegal.
Entraderas en barrio Urca
La organización quedó expuesta cuando se lanzaron a cometer un doble atraco domiciliario.
Este hecho se perpetró a mediados de enero, en la calle Menéndez Pidal al 4000, en el corazón de barrio Urca.

De acuerdo con las hipótesis de los pesquisas, los delincuentes realizaban tareas previas de inteligencia para marcar aquellas viviendas que quedaban desprotegidas durante la noche.
En esa oportunidad, el trío se habría movilizado en un automóvil Renault 9 blanco.
Uno de los sospechosos permanecía al volante. Cumplía funciones de vigilancia y apoyo logístico.
Mientras tanto, en la vía pública, los otros dos integrantes de la banda subieron por una escalera hacia una planta alta. Allí funcionaban dos departamentos independientes.
Las fuentes de la causa señalaron que, mediante el uso de herramientas de fuerza, los intrusos apalancaron y destruyeron primero una puerta de rejas blanca.
Después fracturaron las cerraduras de las puertas de madera de ambas viviendas.
En pocos minutos, y antes de que llegara nadie, los atacantes se habrían alzado con un millonario botín compuesto por computadoras portátiles.
También se llevaron dinero en efectivo, dispositivos electrónicos de alta gama, perfumes importados, joyas y hasta cascos de motocicleta.
Finalmente, lograron escapar a alta velocidad en el vehículo que los aguardaba.
Rompecabezas delictivo
La reconstrucción del entramado criminal no fue inmediata. Klinger se lanzó a un minucioso seguimiento.
Según trascendidos, el fiscal comenzó a seguir los pasos del trío a partir de un cabo suelto tecnológico.
Tras el robo en barrio Urca, una de las víctimas detectó que la geolocalización de una tablet sustraída se había activado brevemente en el sector oeste de la ciudad, en la zona de barrio Las Violetas.
Con ese dato inicial, el fiscal comenzó a tirar del hilo y delegó directivas al personal de investigaciones de la Unidad Judicial 15.

El primer procedimiento positivo permitió secuestrar el dispositivo robado y un teléfono celular en poder de quien manejaba el Renault 9.
Era el mismo auto que los delincuentes habían utilizado para abandonar la escena del robo. Estaba en manos de uno de los sospechosos.
Al profundizar el análisis de las diferentes pruebas recolectadas, los investigadores se toparon con un verdadero rompecabezas delictivo.
“Se hallaron rastros concretos de los elementos robados, apenas una hora después de la entradera”, comentaron los investigadores.
La clave definitiva, según fuentes judiciales, surgió de los informes de tecnología forense que desnudaron comunicaciones previas y posteriores a los asaltos donde se coordinaban los horarios para "salir a laburar". Así llamaban a la tropelía.
Luego se constataría que realizaban minuciosamente la preparación de mochilas con herramientas. Incluso había feroces discusiones posteriores por el reparto del dinero y la reducción de las computadoras.
A través de distintos peritajes, el análisis de las pistas que ubicaban a los sospechosos en la escena del crimen y la realización de un profundo ciberpatrullaje, se logró identificar con nombre y apellido a los dos cómplices que concretaban los ingresos furtivos.
Antecedentes y perfil
Para la justicia, la peligrosidad procesal de los imputados justificaba de manera ineludible el dictado de la prisión preventiva.
Fuentes del caso revelaron que tanto Atelman como Calderón arrastraban un frondoso prontuario delictivo y condenas previas de cumplimiento efectivo por delitos graves contra la propiedad y contra las personas.
Incluso, llamó la atención el escaso margen temporal en el que volvieron a delinquir: uno de ellos gozaba de libertad condicional tras purgar parte de una pena de 15 años de prisión, mientras que el otro había sido liberado en otra causa apenas semanas antes de activar la banda de los escruches.

