Una mala noticia prácticamente naturalizada sigue siendo el tránsito en la provincia de Córdoba: al menos 172 personas han muerto durante el primer semestre de 2026 como consecuencia de choques, vuelcos y otros siniestros de tránsito. De esta manera, prácticamente hubo un muerto por día por causas tan evitables como las de la mala conducción en rutas y en calles. Dicho de otra manera: una familia quedó destrozada cada 24 horas a causa de la inseguridad vial.
Del total, al menos 29 dramas fatales ocurrieron en la Capital.
El junio que terminó semanas atrás dejó 19 muertos y es, por ahora, el mes menos trágico del año. Mayo es, por el momento, el peor con sus 42 fallecidos. Al analizar el resto de 2026, surge que febrero contabilizó 37 víctimas fatales, mientras que enero tuvo 27, abril 25 y marzo, 24. El corriente julio viene mal: ya acumula 15 personas que dejaron de existir.
Todas estas cifras surgen de un registro propio que realiza La Voz y que se basa en informaciones policiales, judiciales y de otros medios que luego son chequeadas con fuentes oficiales.
El objetivo central es obtener datos concretos que permitan trazar una radiografía cercana sobre la muerte vial en Córdoba.

Altas velocidades, temeridades varias, inconductas de todo tipo, alcohol (y hasta drogas) al volante, uso del celular al conducir y desprecio por la vida propia y ajena se conjugan diariamente en un tránsito que recorre rutas, calles y avenidas, y no dejan de destruir familias.
Pese a esas muertes, las inconductas y hasta crímenes viales no cesan: de allí que tantas veces se señala que los fallecimientos por el tránsito constituyen la muerte naturalizada.
Volviendo al primer semestre de 2026, el registro de víctimas fatales recolectado por La Voz fue levemente inferior a idéntico período de 2025, cuando se contabilizaron 176 casos. De todos modos, son cifras similares.
A todo esto, durante los primeros seis meses de 2024 fallecieron 179 personas en siniestros viales, mientras que en idéntico ciclo de 2023 la cifra fue de 207 al tiempo que la de 2022 llegó a 199.
Cabe precisar que a la par de esta penosa realidad se acumulan numerosas personas que terminan con graves heridas, con sus secuelas correspondientes, producto de choques, vuelcos y atropellamientos.

La muerte en dos ruedas
Como sucede en cada período, los motociclistas volvieron a ser las principales víctimas del primer tramo de 2026: al menos 70 personas que se subieron a una moto terminaron muertas en Córdoba, ya sea por chocar o caerse.
La mayoría de estos fallecidos eran personas jóvenes y varones. No hay precisiones sobre si llevaban el casco colocado.
Esto representa el 41% del volumen total de víctimas fatales.
En tanto, hubo 60 personas que iban en vehículos de cuatro ruedas (principalmente autos) y que fallecieron a causa de colisiones (32 casos) y en vuelcos (28).
Los automovilistas muertos en choques representan el 19% del total de víctimas. Los que fallecen producto de vuelcos (despistes seguidos de tumbos) representan el 16%.

Ciclistas y peatones
Fue dicho varias veces: en el “ecosistema vial” de cualquier urbe los peatones y los ciclistas configuran las víctimas más vulnerables, por debajo de los motociclistas.
En Córdoba, estas dos categorías no dejan de aumentar el número de víctimas fatales.
Según el registro de La Voz, durante el primer semestre del año ya fallecieron al menos 19 peatones luego de haber sido atropellados tanto en rutas como en ámbitos urbanos.
En tanto, hubo ocho ciclistas que iban pedaleando y perdieron la vida, en su mayoría, luego de ser colisionados en calles o en avenidas (zonas urbanas) de ciudades.

Rutas versus calles
Toda una constante de estos tiempos: durante los primeros seis meses de 2026, la mayoría de las tragedias en Córdoba ocurrieron en rutas, autopistas y autovías. Al menos 84 personas fallecieron en vías rápidas producto de choques y vuelcos. Esto representa el 48% del total de fallecidos.
En paralelo, hubo al menos 75 decesos por siniestros viales en calles y en avenidas (43%).
Por otro lado, hubo al menos tres choques fatales en caminos rurales del interior. Del resto de las muertes no hay datos.

Noche y madrugada volvieron a ser los momentos del día en los que se registra la mayoría de las tragedias.
A la hora de analizar las tragedias sucedidas en rutas, surge como preocupante que la mayoría de los casos fueron choques frontales o laterales: alguien se cruzó de lado y en la gran proporción en tramos de doble línea.
Ya en autovías, por lógica de circulación y división de canteros, los choques son por alcance. En este punto, varios dramas con camiones.
Si bien por el momento no se puede cuantificar en cuántos casos fatales hubo alcohol, fuentes policiales y judiciales apuntan que, en modo general, el consumo de bebidas no deja de estar presente.

Varones, en su enorme mayoría
Al analizar el sexo de las víctimas fatales, otra vez los hombres volvieron a tener preponderancia. En el primer semestre, fallecieron al menos 127 varones, esto representa el 74% del total.
En contraposición, hubo al menos 32 mujeres que perdieron la vida producto de choques (19%). No hay datos sobre otras 13 víctimas.
La estadística es clara: ocho de cada 10 muertos eran varones.
La casuística demuestra que, en su gran proporción, las mujeres que mueren en siniestros iban como acompañantes tanto en autos como en motos.
Infancias, la peor cifra
La estadística demuestra que en su enorme mayoría las víctimas fatales de siniestros de tránsito son adultos jóvenes comprendidos entre la franja de los 20 a los 35 años.
Este semestre que pasó volvió a repetirse este punto.

Al analizar el global de tragedias, surge un punto que estremece: las infancias víctimas. Pequeños que mueren por tragedias causadas por adultos. En seis meses, fallecieron tres menores: una beba, un niño y una chica de 16.
En julio, ya por fuera del semestre, murió otro chico. Tenía 11 años y padecía problemas de audición. Andaba en bici, cruzó una vía y lo mató un tren.
Un “accidente” es un episodio casual o eventual.
Por el contrario, en el tránsito, los siniestros se producen por motivos para nada casuales, como velocidades altas, conductas temerarias, manejos desaprensivos, consumo de alcohol y de drogas, y distracciones con el celular, por caso.
En otros casos, las desgracias se producen por fallas mecánicas o por mal estado de una ruta o una calle.
De todos modos, las investigaciones han demostrado que en la mayoría de los casos los dramas fueron provocados por la actitud de los conductores, la desaprensión, la falta de educación vial y de controles.

