Estudio. Según la psicología, las personas que valoran más su tiempo que el dinero tienen una mejor calidad de vida
Lejos de priorizar únicamente los ingresos o el crecimiento profesional, cada vez más jóvenes ponen el foco en el bienestar personal, el tiempo libre y la posibilidad de disfrutar de una vida equilibrada.
Durante años, la idea de éxito estuvo asociada a la obtención de altos salarios, ascensos laborales y estabilidad económica. Pero, esa mirada parece estar cambiando entre las generaciones más jóvenes, que comenzaron a valorar otros aspectos de la vida por encima de la acumulación de dinero.
Una investigación realizada por especialistas de la University of British Columbia y la University of California analizó las preferencias de más de 4.400 personas y detectó una tendencia clara: para muchos jóvenes, disponer de tiempo para disfrutar, descansar y compartir con sus seres queridos es tan importante como alcanzar una buena situación económica.

Más tiempo libre y menos obsesión por el dinero
La Generación Z y los millennials son quienes impulsan con mayor fuerza esta transformación. Al momento de elegir un empleo o proyectar su futuro profesional, suelen considerar factores que van más allá del salario.
La flexibilidad horaria, la posibilidad de trabajar de manera remota y el equilibrio entre las obligaciones laborales y la vida personal aparecen entre las prioridades más valoradas.
Los investigadores sostienen que este fenómeno está relacionado con los cambios sociales de los últimos años. La hiperconectividad, las largas jornadas laborales y el aumento de los niveles de estrés llevaron a muchas personas a replantearse qué significa realmente tener una buena calidad de vida.
En ese contexto, el tiempo libre pasó a ser un recurso especialmente apreciado. Poder viajar, practicar hobbies, desarrollar proyectos personales o simplemente compartir momentos con familiares y amigos son objetivos que hoy tienen un peso cada vez mayor en las decisiones laborales.

Además, la experiencia de la pandemia profundizó esta tendencia. Para muchos jóvenes, ese período sirvió para reflexionar sobre la importancia del bienestar emocional y la necesidad de construir rutinas más saludables. Como consecuencia, crecieron las demandas de flexibilidad y las búsquedas de empleos que permitan una mejor organización del tiempo.
Los especialistas remarcan que el dinero continúa siendo importante, pero dejó de ser el único indicador de éxito. La posibilidad de evitar el agotamiento laboral, cuidar la salud mental y disfrutar de experiencias personales aparece ahora como una meta central.



